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La pasión en el periodismo enogastronómico marca el punto de partida para transmitir con ilusión el mundo de los vinos entre los consumidores.

La semana pasada a través del directo que nos ofrece la red social Instagram (@davidpuertoperiodista) pude entrevistar a Antonio Flores (Hacedordevinos) enólogo de la emblemática bodega jerezana González Byass. Un encuentro virtual de poco menos de una hora de duración en el que conocimos un poco más a uno de los mejores enólogos del mundo y a uno de los mayores embajadores de González Byass y de los jereces en general. Y es que la nota diferencial de todo los que nos movemos en torno a las bodegas, los vinos y la gastronomía es la pasión que le ponemos a nuestro trabajo. Transmitir amor y pasión es clave para llegar al público final y la llave para contagiar – a quien te lee, escucha o ve – de aquello de lo que te apasiona. En este caso el mundo del vino, y más concretamente de los vinos de Jerez. Y un buen ejemplo de todo esto es Antonio Flores, que tiene esa chispa necesaria y dicho sea de paso, unas buenas nociones comunicativas.

En redes sociales asegura que es un perfecto “autodidacta. Me tuve que caer del caballo como San Pablo para creer en este mundo digital, que es muy útil”. Y supo darle la importancia que tienen las mismas cuando se utilizan con una estrategia comunicativa bien marcada. Enaltecer el trabajo de su bodega – en este caso González Byass – dando a conocer todas las bondades del vino de Jerez. Pero con naturalidad, cercanía, frescura y pasión. Y esa es la clave de su éxito. Porque la naturalidad a la hora de transmitir no se aprende, también nace de ese entusiasmo por lo que uno vive cada día. Lógicamente, como muchos en el Marco de Jerez, Antonio Flores es un grandísimo profesional que se ha labrado su posición gracias a su esfuerzo y dedicación durante estos casi 40 años en la bodega – que cumplirá en septiembre y que en la entrevista nos adelantó la primicia de que habrá un vino para tal efeméride.

La charla, que fue entretenida y didáctica – soy de los que piensa que nunca se deja de aprender – navegó entre su propia vida dentro de la bodega, opiniones sobre los vinos y sobre la misma actualidad. Entre otros temas hablamos de los amontillados. El Hacedor de Vinos se refirió a que “no existe un amontillado puro” ya que el amontillado aúna la crianza biológica y la oxidativa y sería muy difícil encontrar alguno que tenga la crianza exacta de una y otra. Al igual que, con esa pasión a la que me refiero, desgranó las diferencias entre un fino amontillado o un amontillado fino, entre otros muchos temas. Antonio Flores tan solo es uno de los muchos ejemplos de los apasionados que viven y conviven diariamente con el vino de Jerez.

En definitiva, la transmisión de la pasión por las bodegas, el viñedo, los vinos y en general el mundo vitivinícola es clave para llegar al consumidor final. Y en mi caso, como periodista enogastronómico, creo completamente que los profesionales de la comunicación enogastronómica somos los verdaderos abanderados de todo esto y debemos poseer ese entusiasmo por transmitir estos conocimientos. Porque los periodistas del vino tenemos que liderar esta divulgación del sector, desgranando las noticias y las novedades del vino, y yendo a buscar la información. En primer lugar, para que el consumidor se interese y finalmente para que aprenda disfrutando de lo que consume. Y esto es muy importante, porque uno de los problemas del vino de Jerez es la falta de formación e información entre el consumidor. Algo que – también hay que decirlo – está intentando cambiar. Aunque es un proceso lento. Por eso, todos los que nos dedicamos a este universo del periodismo del vino debemos tener esa pasión, ese amor por lo que hacemos. Por las viñas que nos rodean. Por el aroma que olemos. Por los matices que degustamos. Y vivir nuestra realidad y esa búsqueda de información entre los viñedos. Con los bodegueros. Entre la gente que consume los vinos. Y ese camino también ha de estar llena de pasión. Que al fin y al cabo es lo que nos hace sentirnos bien cuando desempeñamos nuestra profesión. Porque con ese ingrediente, como le pasa a Antonio Flores – que pudo haber sido periodista antes que enólogo -, estaremos siendo embajadores del vino con nuestro propio trabajo.

El virus COVID-19 (coronavirus) nos tiene confinados en nuestras casas, para evitar el contagio y su propagación. Esta situación nos va a generar muchas horas libres. Una forma efectiva y placentera de pasar ese tiempo es disfrutando de un libro y un buen vino. En concreto, es un buen momento para redescubrir el mundo de los vinos andaluces, generosos y dulces, tanto en la lectura como en verlo, olerlo saborearlo. Y todo ello, gracias a la tecnología de la que podemos servirnos en la diferentes plataformas digitales y tiendas online de vinotecas y bodegas.

Pero primero deberíamos plantearnos, qué vino encaja mejor para disfrutar de la lectura. Aunque cualquier vino es óptimo para acompañar a un buen libro, en este caso yo recomendaría hacerlo con uno con una clara crianza oxidativa, ya sea un buen amontillado o un oloroso si lo prefieres seco, o un potente pedro ximénez en el caso de que lo prefieras dulce. En el caso de los secos, son vinos con un importante cariz aromático, aunque lo que más destaca en esencia es la profundidad y la redondez de matices y sabores que permanecen en boca en cada sorbo. Son vinos con los que detenerse a disfrutarlos, manteniendo su sabor durante varios minutos en la boca. Destacan los sabores de frutos secos, toques abocados y la madera. Con un retrogusto ciertamente amargo y delicado. Así, se hace un complemento perfecto para leer ya que, tras injerirlos, permanecen durante bastante tiempo en boca. También son vinos fantásticos para descubrir la multitud de matices que puedes reconocer mientras continúas la lectura. En el caso de los dulces, un buen pedro ximénez, es un poco más largo en nariz reconociéndose aromas a pasas y regaliz y llevando esos matices a la boca, a los que se suman los toques a café, chocolate negro o tabaco. Los pedro ximénez son vinos densos que permanecen en boca a su vez, también durante varios minutos. Y para el amante de los dulces, puede ser un fantástico aliado de la lectura.

Los vinos oxidativos tienen una gran profundidad aromática.

En tiendas como Bodeboca o vinoselección pueden encontrar grandes vinos muy buenos en su relación calidad/precio. Y además, hay varias bodegas que debido a este confinamiento en casa ha eliminado de sus pedidos los gastos de envío, como Barbadillo (a partir de 30 euros) o Delgado Zuleta, esta última ofrece además un 10% de descuento en todos sus productos introduciendo el código QUEDATEENCASA. En la multitud de vinos de estas tipologías oxidativas existentes yo recomendaría los siguientes, secos: Palo Cortado Leonor, Amontillado Del Príncipe, Palo Cortado Monteagudo, Amontillado Príncipe, Misterio Condado Viejo, Oloroso Asunción, Amontillado Doblas o Amontillado Bigotillo;  y dulces: PX Gran Barquero, Alvear PX 1927, Don PX 2018, PX El Candado o PX Nectar. Aunque hay muchísimos, todos los que os selecciono están por debajo de los 20 € la botella.

Los libros pueden encontrarlos en muchas librerías con tienda online, aunque la plataforma que más recomiendo es Amazon. Entre los libros destacados sobre estos vinos andaluces se encuentra: Manzanilla, Jerez y Montilla, vinos tradicionales de Andalucía de Jesús Barquín y Peter Lim. Este libro ha sido la revelación en el último año y se le considera el decálogo de los generosos andaluces. Otro buen libro que pueden encontrar es El Vino de Jerez y Sanlúcar de Enrique Becerra; El jerez y sus misterios de Beltrán Domecq o El viñedo en Jerez durante el siglo XV, de Emilio Martínez y Enrique José Ruíz. De temática general de vino está entretenido El vino no tiene misterio de Ophélie Neiman y Jordi Terré Alonso o ¿Te cuento un vino? de Enrique López, o descubrir otras Denominaciones de Origen con el libro Rioja vinos silenciosos, de Antonio Remesal.

Vinos andaluces, generosos y dulces, y libros sobre vinos para sobrellevar de mejor manera nuestras horas en casa en el confinamiento por el coronavirus.

La Navidad tiene varios días en los que nos reunimos en familia, con amigos o conocidos, a comer. Días como hoy, Nochebuena, mañana Navidad, el próximo fin de año, el día 1 de enero, o incluso el cinco y el seis de enero, para los Reyes Magos son días de grandes comidas en torno a nuestros seres queridos. Y qué mejor manera de disfrutar esos almuerzos o cenas, que se prolongan más de lo habitual, que con vinos. Es una buena oportunidad para vivir experiencias, mientras estamos disfrutando de la presencia de nuestra gente. Intentemos dejar a un lado los refrescos y las cervezas y sumerjámonos en la versatilidad que aportan cada uno de los vinos andaluces que hoy os propongo para celebrar la Navidad.

Fino Cebolla de Bodegas El Monte.

Vinos que nos cambiarán la concepción tradicional de nuestras comidas navideñas. Encuentros en definitiva, que normalmente comienzan con una bebida de bienvenida. Para este caso hay muchos gustos, pero os aconsejo comenzar con un amontillado, para abrir boca. Será la ocasión perfecta para abrir boca con el mejor sabor de un buen vino, fresco, punzante pero a la vez que deja un gran retrogusto. Os recomiendo Viña AB de González Byass, Amontillado de Cayetano del Pino o Amontillado de Doblas. Si eres de los que prefieres dulces, cualquier cream es una buena elección, aunque Royal Cream de Real Tesoro es una buena opción.

Una vez sentados en la mesa, suelen ser fechas donde abundan los aperitivos de queso, jamón ibérico, marisco, canapés, ensaladilla, aliños, croquetas y demás. Para todo esto, pueden disfrutar de cualquier fino o manzanilla, según el gusto que tengan, o bien de un vino blanco. Mi propuesta es la de fino El Marqués de Bodegas Halcón, o el fino Cebolla de Bodegas El Monte, la manzanilla Barbiana de Delgado Zuleta o Sacristía AB, o el blanco Mioro Gran Selección de Privilegio del Condado.  Es mi sugerencia, aunque de cualquiera de las tipologías hay muchísimos y muy buenos. Disfruten el que más les guste.

Mioro Gran Selección de Bodegas Privilegio del Condado.

En algunas casas se sirve un plato principal, en otros dos, e incluso tres. En este caso, os hago mi recomendación de vinos andaluces para cada uno de ellos, según la comida que sea. Si son de los que disfrutan de ensaladas, pueden continuar con el blanco, fino o manzanilla, o incluso disfrutarla algún blanco semidulce, como Tierra Blanca de Paéz Morilla. Para sopas, pueden volver al amontillado. Si lo prueban, comprobarán que realza su experiencia gastronómica. Igual para el pavo trufado con huevo hilado (que curiosamente solo se suele comer en estas fechas). Para guisos más consistentes, como la berza, el menudo o los callos, también el amontillado acompaña muy bien. Aunque os propongo tres opciones de palo cortado. Leonor de González Byass, Palo Cortado de URIUM, y Palo Cortado de Cayetano del Pino. Los palo cortado también encajan a la perfección con cualquier carne, especialmente con el cordero, o el cochinillo. Pero para ello, mi consejo es maridarlo con un oloroso. Los hay verdaderamente buenos. Como Asunción de Alvear, Oloroso de Santa Petronila, Oloroso de Toro Albalá u Oloroso de Bodegas Góngora. Si son de los que prefieren tinto, mi propuesta es Samaruco o Garum de Bodegas Luis Pérez, Forlong Ecológico de Bodegas Forlong o Cortijo de Jara Roble, de Bodegas Cortijo de Jara.

Samaruco de Bodegas Luis Pérez.

En los postres navideños suelen primar los turrones, las trufas, los bombones y en su fecha, el roscón de Reyes. Para este caso, pueden disfrutar de vinos andaluces, dulces muy buenos, como el pedro ximénez Gran Barquero de Pérez Barquero, el moscatel Promesa de Valdespino, Tres Leones de Bodegas Málaga Virgen o un vino naranja del Condado de Huelva, como Misterio Orange de Privilegio del Condado.

En la sobremesa, pueden continuar con vinos andaluces más añejos, V.O.S. y V.O.R.S. de más de 20 y 30 años respectivamente. Los que se denominan popularmente vinos de pañuelo y con los que disfrutar de un buen final de comida navideña. Entre mis sugerencias, Cuatro Palmas de González Byass, Don Gonzalo de Valdespino, Quo Vadis? de Delgado Zuleta, la Bota de Palo Cortado de Equipo Navazos o Jalifa de William Humbert, entre otros muchos. En este periodo, también pueden saborear un buen brandy, que contenga toda la esencia del vino de la tierra del que nace. Hay varias grandes proposiciones. Como Cardenal Mendoza de Sánchez Romate, Fundador Exclusivo de Bodegas Fundador o el brandy de la gama Rare Spirits de Valdespino. La recomendación de maridaje para saborear aún mejor si caben los brandy, es con chocolate con sal.

Y para finalizar, brinde con cualquier espumoso, ya sea brut nature o semiseco. Como lo prefiera. Mi recomendación es la siguiente. Umbretum de Bodegas Salado, el cava Palacios de Doñana de Privilegio del Condado o el Beta Sur de Bodegas Barbadillo.

En definitiva, la vitivinicultura andaluza puede convertir nuestras comidas navideñas en verdaderas experiencias gastronómicas donde disfrutar comiendo y bebiendo, gracias a la versatilidad de los vinos y sus maridajes.

Es indudable reconocer la excelente calidad de los vinos generosos. Aunque conozco en mayor medida a los sherry, la categoría del resto de generosos andaluces no se queda atrás, encontrando vinos maravillosos también en Montilla-Moriles, Condado de Huelva, Málaga, Sevilla y demás zonas de producción del sur de España. Una calidad, única, gracias a la versatilidad de las varietales con las que se elaboran estos vinos así como el clima y la tierra donde crece su uva y las condiciones de las botas y bodegas en las que se crían. Todo un conjunto de valores, para lograr unos vinos únicos en el mundo, perfectos para maridar cualquier tipo de platos.

Pero existe una cuestión, no menos importante, que afecta directamente a estos vinos. Y es su precio. Son vinos completamente infravalorados por el público en general, y curiosamente, por el autóctono en particular. Vinos que – si los comparáramos con otras Denominaciones de Origen – en su mayoría son Soleras Gran Reserva. Porque, la mayor parte de estas joyas enológicas superan con creces los tres años de crianza, que en otras Denominaciones de Origen lo catalogarían como un gran vino, con una larga crianza. Entonces, ¿por qué los vinos generosos son tan baratos?. Desgraciadamente, porque las bodegas han de adaptarse a una comercialización de los mismos según las demandas que existan en el mercado.

Fotografía: Diario de Jerez.

Quizás habría que plantearse que no se ha llevado, en el caso del jerez entre otros, por ejemplo, por el mejor camino. En gran parte de España se piensa que los jereces y las manzanillas, son vinos de Feria, que se toman en catavino bajo, nunca en copa alta, y que son, en cualquier caso un complemento perfecto para el aperitivo pero nada más. No se les valora y ni siquiera se les contempla como vino de mesa. Es cierto que en las ferias la mayoría beben vinos generosos, pero ¿es realmente positivo para el sector que se baje tanto el precio del vino como se hace en la mayoría de ferias?. Así, cuando la copa de vino en la feria no supera en muchas ocasiones el 1,50 € y es un vino donde la gente no saborea, solo consume y se emborracha (aunque hay de todo), es muy difícil apreciar sus bondades. Cuando el consumidor descubre los generosos y comprueban su versatilidad en el maridaje, se llevan una gran sorpresa y en su mayoría reconocen que nunca habrían valorado estos vinos como para consumirlos habitualmente.

Hay vinos generosos que con quince años de crianza, no superan los 20 euros. Es increíble, pero es así. Y tenemos multitud de casos en el mercado. O algunos con más de 10 años de crianza que no superan los 10 euros. Ni a euro por año, de mimado cuidado para la producción de estos vinos.

Igual de importante, es el apoyo de la hostelería por los vinos de la tierra. Nunca han de faltar vinos de la tierra, blancos, tintos y generosos en los bares y restaurantes de una zona, más si cabe cuando se tratan de zonas vitivinícolas tan importantes como tenemos en la región: Jerez, Huelva, Montilla-Moriles, Málaga, Almería o Sevilla.  Y es que, con los grandes vinos que tenemos en Andalucía, duele saber que Rioja es el vino que más se consume en la comunidad. Y que gran parte de la hostelería andaluza tengan en sus cartas de vinos sobre todo Rioja o Rueda. Apostar por los vinos generosos en la hostelería también es una forma de entrar a conocer estos vinos, y por ende valorarlos.

Otro de los motivos puede estar en la desinformación que se tiene de los vinos generosos andaluces, donde la mayoría no salen del fino, la manzanilla o el cream y el pedro ximénez básico. Vinazos como el amontillado o el oloroso son desconocidos para el público general y sobre todo, para sus paladares. La versatilidad que ofrecen estos vinos para convertir las comidas en auténticas experiencias gastronómicas sobresale por encima de cualquier otra zona de producción. Pero no los conocemos. No sabemos apreciar su sequedad, su expresividad, su acidez. Además, en una sociedad que ha nacido con bebidas dulces: colacao, coca cola o fanta, le es más difícil incorporarse al mundo de los generosos, y es por ello que muchos se queden en el cream o el pedro ximénez.

Es verdad, que desde los Consejos Reguladores de los generosos andaluces y desde las propias bodegas se está intentando desestacionalizar el vino de la feria, para consumirlo durante todo el año, enseñando sus distintos maridajes, e incluso cambiando su consumo mediante un catavino de tallo alto y más ancho, donde apreciar con la nariz y el gusto todos los matices organolépticos que nos aportan. También gracias, entre otros, al movimiento #sherrylovers a través de redes sociales, los jóvenes están llegando con mayor facilidad a los vinos generosos, sobre todo a los jereces, y cada vez es más común comprobar cómo en Jerez se copea en sus bares con sus vinos.
Otro punto positivo es que se están empezando a apreciar los vinos en rama, algo que hace bien poco no atraía absolutamente a nada. Es más, los vinos cada vez tenían menos color, menos olor y por supuesto menos sabor, adaptándose a esas ‘dichosas’ manías del mercado que quiere consumir vinos de jerez, sin que lo parezcan. Claro está, en esas particularidades también entraba el precio. Por lo que es bastante fácil encontrar generosos secos como manzanillas, finos, amontillados, olorosos, y algún que otro palo cortado por menos de diez euros. Aunque también sus matices organolépticos, en ocasiones, se quedan muy muy cortos. Por lo que, los vinos en rama, nos vuelven a introducir en la esencia de esos vinos con todos sus matices, que nos aportan todas las propiedades desde las botas a la botella.

Y otra cuestión nos atañe a todos. A todos los que amamos este mundo de los vinos generosos andaluces. Tenemos que ser, cada uno de nosotros, abanderados del vino de nuestra tierra. Los de Jerez de nuestros finos, olorosos, palo cortados y amontillados y darlos a conocer. De la misma forma Huelva con sus vinos generosos elaborados con zalema o palomino, como los de Sevilla con su garrido fino o los de Montilla Moriles con su pedro ximénez. Darle valor, ser los primeros que pedimos en un bar, en un restaurante, con la familia y con amigos un vino de nuestra tierra. Que pongamos en su sitio a ese vino y apreciemos que lo que estamos consumiendo en ese momento es una verdadera joya, fruto del trabajo de muchísimos años. Y aceptando lo que cuesta.

Profesionales del sector apuestan por esta puesta en valor de los generosos andaluces. El enocomunicador Fran León asegura que “son muy baratos y valoramos el precio de lo que tenemos”. David Manso, que los precios de los vinos del sur “son en ocasiones más bajos de lo que debería teniendo en cuenta la complejidad en su elaboración y su resultado final. También no todo el mundo valora por igual los generosos, ya que de Despeñaperros para arriba les cuesta introducirse en los generosos”.

La versatilidad del vino de Jerez es una de sus máximos exponentes. No solo por los múltiples tipos de vino que nacen de su uva predominante, la Palomino Fino, sino por el abanico de maridajes que ofrece en la comida. Con un Sherry se puede comenzar, por ejemplo un almuerzo, y terminarlo incluyendo al postre. Incluso puede continuarse sin salir del Marco con una buena copa de Brandy de Jerez. He aquí por tanto un recorrido por los Sherrymaridajes, los que también pueden extenderse a otros generosos de otras D.O. andaluzas tales como Condado de Huelva o Montilla Moriles.

La Manzanilla y el Fino con la ensaladilla son un genial Sherrymaridaje

Comenzaremos el itinerario con los vinos puramente de crianza biológica, el Fino y la Manzanilla. Son vinos verticales, con una acidez muy marcada y de un rápido paso por boca. En ambos, aunque más pronunciado en la Manzanilla destacan su salinidad. Con la diferencia bajo mi punto de vista, que el Fino tiene aromas que recuerdan a masa de pan, y a almendras; y la Manzanilla tiene aromas más florales. Igualmente el Fino en boca es ligeramente más seco con un retrogusto amargo y la Manzanilla es más suave con una salinidad, tal y como señalé anteriormente más marcada. Ambos, son vinos habitualmente ligados al aperitivo y a la Feria (este último gran error) pero son dos grandes Sherry que pueden disfrutarse con todo tipo de platos, incluso para disfrutarlos de vino de mesa en cualquier comida o cena. También, una copa de Fino o Manzanilla puede disfrutarse con un postre, como una tarta o un bizcocho de almendras. Aunque recomiendo sobre todo saborear la Manzanilla con unas tortillas de camarones o un langostino de Sanlúcar. Así como, saber beber el Fino con un buen jamón ibérico, con cualquier embutido o con un plato de pasta. Ambos son perfectos con pescaíto frito, tan propio de las costas andaluzas y para tapas habituales como ensaladilla, papas bravas o papas alioli. El Fino y la Manzanilla potenciarán su Sherrymaridaje cuando estos se disfruten en rama, lo cual recomiendo si tienen la ocasión.

El Amontillado, como bien saben, es un vino que aúna la crianza biológica y la oxidativa. Y por tanto, hay una gran lista de Amontillado según los años y el tipo de crianza. Encontramos Amontillados Finos, con mayor número de años bajo velo de flor, y Amontillados más gordos y oxidados con menos años bajo el velo de flor. El Amontillado es un vino que en nariz tiene grandes recuerdos a la crianza biológica, nariz por tanto potente y que, siendo más redondo que el Fino, es ligeramente más ligero que el Oloroso. Sus aromas transmiten frutos secos tostados y en boca es aterciopelado, seco y sabroso, con toques a madera. En ocasiones, podemos tener la sensación de dulzor en los Amontillados, aunque es fruto de la concentración debido a su crianza oxidativa. Su Sherrymaridaje puede disfrutarse con múltiples platos. El Amontillado, solo, puede ser la primera copa del día. Para abrir el apetito o simplemente para saborear un sherry en torno a las 13:00 horas o a las 20:00 horas, como vino propiamente de aperitivo, también depende de los horarios en los que almuerce o cene cada uno. Ya en la comida, el Amontillado marida con los platos más difíciles de maridar. Es ideal para un guiso de alcachofas, para disfrutar unos espárragos ya sean blancos, trigueros o en revueltos. Muy bueno para cualquier plato con verduras. Es un vino fantástico para los arroces e incluso para pescados a la plancha. Con queso viejo, con guisos. Todo un universo de sabores y matices cuando se disfruta el Amontillado.

El Oloroso, vino de crianza oxidativa intercambia su potencia organoléptica, de alguna manera, con el Amontillado. El Oloroso es menos potente en nariz, donde destacan los tonos tostados y es muchísimo más redondo en boca, con una redondez que inunda todo el paladar de sequedad, suavidad,  y potencia. Es un vino muy elegante. Los Olorosos en concreto, potencian todo tipo de carnes, especialmente las de caza y las carnes ibéricas. Los guisos con Oloroso también le aportan un carácter especial. Incluso hay algunos comensales que añaden algunas gotas de oloroso en el puchero para potenciar su sabor.

El Palo Cortado es un vino, al igual que el Amontillado, que aúna la crianza biológica y la oxidativa aunque tiene un corto recorrido bajo velo de flor ya que (teóricamente por su propia naturaleza) comienza a oxidarse bajo el velo de flor para continuar perdiendo el mismo y desarrollar durante toda su vida una crianza oxidativa. El Palo Cortado, combina las dos propiedades destacadas de los Amontillados y los Olorosos. Son vinos con una nariz estupenda, con claros recuerdos a esas levaduras pero con tonos tostados y ligeramente abocados. Y en boca tiene una redondez exquisita, con la elegancia de un buen Oloroso. El Palo Cortado podemos disfrutarlo prácticamente con todo tipo de platos. Al igual que el Oloroso, su máximo exponente es la potencia que aporta a los platos con los que se marida. El Palo Cortado puede – y debe – disfrutarse, como con los Amontillados con platos como espárragos, espinacas, revueltos, pescados, arroces o carnes de todo tipo. Especialmente el cordero, aunque esto es una percepción personal. Puede ser a su vez un vino de mesa, ya que cualquier plato maridado con Palo Cortado ve repercutido su sabor en boca. Aunque, con dos copas en mesa puede ser suficiente. Hay que saber beber vinos generosos y en concreto vino de Jerez. Disfrutarlo. Apreciarlos. Saborearlos. Un sorbo de Palo Cortado inunda la boca por varios minutos. Varios bocados. Esto es un concepto aplicable a todos vinos de Jerez. Convirtamos nuestras comidas en experiencias culinarias. Respetando los vinos de Jerez, sabiéndolos beber.

Los vinos dulces, tales como el generoso de licor,  Cream,  o los dulces naturales Pedro Ximénez o el Moscatel han sido históricamente ligados a los postres. Aunque no les falte razón y el maridaje con una tarta, fruta, flan o natillas sea ideal disfrutar estos vinos, es interesante salirse de los previamente establecidos para buscar los contrastes y las potencias que aportan estos sherry a otro tipo de platos. Por ejemplo, pueden y – deberían – probar el Pedro Ximénez con cualquier queso viejo o queso cabrales. Su pastosidad y potencia con aromas de regaliz y café y tonos en boca azucarados y de uvas pasas disfrutadas con quesos viejos o potentes como el azul o cabrales lo hace un maridaje perfecto. Este plato concretamente, pueden disfrutarlo tanto para aperitivo como para postre. No defraudarán. Al igual, pueden probar cualquier salazón como la mojama con cualquier Cream. Los Cream son un coupage de normalmente un oloroso y un poco de Pedro Ximénez. Con tonos en boca que recuerdan a ambos, aunque destaca sobre todo el dulzor que le aporta el Pedro Ximénez. Pruébenlo. Les sorprenderá. Finalmente les recomiendo que disfruten cualquier Moscatel, los hay muy buenos en Chipiona o en Chiclana, con cualquier helado. Es ligeramente más fino que el Pedro Ximénez, menos empalagoso y con aromas florales tales como jazmín, azahar y algunas cítricas como el limón. En boca destaca su dulzor fresco. Pueden atreverse también a probar cualquier Moscatel con quesos viejos, o salazones.

Siempre pueden finalizar su #Sherrymaridaje, con un poco de chocolate con sal acompañado de un buena copa de Brandy de Jerez. No salen del Marco, y es la guinda del pastel del universo Sherry.