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Antonio Doblas es un autor de vinos. Un enólogo y bodeguero apasionado de Moriles. De los que han vivido toda su vida en torno a viñas, botas y venencias.

Antonio Doblas es un enamorado de sus vinos, a los que da su una personalidad muy especial. Porque él disfruta con intensidad el trabajo de bodega cada día. Es de los que vive en sus cascos y solo acude a casa para dormir. Y le viene de familia, porque es la tercera generación de bodegueros. Su padre y su abuelo ya lo fueron. Y él tenía muy claro desde joven cuál iba a ser su camino. En su andadura le acompaña su mujer, Lola. También de familia bodeguera siendo asimismo la tercera generación entre vinos de Moriles. Una prueba más de que la pasión y el entusiasmo en las bodegas tiene mucho que ver para criar vinos buenos y únicos como los de Bodegas Doblas.

El pasado sábado tuve la oportunidad de conocer en profundidad y de la mano de sus fundadores (Antonio y Lola) la Bodega Doblas. Doblas es una pequeña bodega situada en pleno corazón de Moriles. Su alma mater es Antonio Doblas, quien cuenta con viveza cada uno de los pasos dados con su bodega. Él y su mujer se hicieron con la actual ubicación en el año 2000 creando todo lo que tienen ahora. La fachada moderna y elegante da paso a un patio delantero donde en el mes de septiembre se monta una bien conseguida planta de vendimia. Allí mismo tienen el peso (para los camiones que transportan la uva) y ubican la maquinaria necesaria para despalillar, seleccionar la uva y prensarla con una prensa neumática. Su vendimia se realiza en los viñedos que poseen en Moriles Altos – la mejor zona de uva de la D.O. Montilla Moriles. Y también en otros viñedos de viticultores de la zona, a los que compran la uva primando la calidad. Un rasgo característico de Bodegas Doblas es que la uva – pedro ximénez – es transportada en cajas. Cajas que una vez descargadas son lavadas y desinfectadas para volver al viñedo. Y es Antonio Doblas quien dirige la vendimia. Cuándo tiene que vendimiarse qué viñas y cuánta cantidad. Separando los viñedos por rasgos similares para obtener vinos distinguidos.

Antonio Doblas junto a uno de los depósitos de fermentación de su bodega.

Esta digamos planta de vendimia tiene dos amplias salas anexas al citado patio de bienvenida. Entrando a mano izquierda, se encuentra una pequeña sala de techos altos donde se encuentran los depósitos de fermentación con temperatura controlada. Grandes depósitos de 50.000 litros que sirven para fermentar los blancos de Doblas. También tiene un tanque más pequeño, de unos 15.000 litros donde se fermentan los vinos de color. A la derecha del patio se encuentra otra de las salas donde está la prensa neumática y toda la maquinaria necesaria para el tiempo de vendimia. Y subiendo por unas escaleras en esa misma sala de techos altos, accederemos a la planta alta donde se encuentran las bocas de las vasijas donde cría el blanco de crianza de Bodegas Doblas. Destapando una de ellas pudimos contemplar el ancho velo de flor que cubría toda la superficie. Una belleza enológica de la D.O. Montilla Moriles. Antonio tomó la venencia y con respeto la hundió en el velo de aquella vasija para después con elegancia servir el vino en los catavinos que sostenía. Este primer vino es lo que en pocos meses se convertirá en Envero, el vino de tinaja de Bodegas Doblas. Un vino fresco, agradable pero lleno de personalidad con un retrogusto amargo muy característico.

Bodegas Doblas tiene dos cascos de bodega con unas 800 botas de roble americano que crían mayoritariamente vinos de crianza biológica, su verdadera especialidad. Y tiene tantas joyas que me es casi imposible no detenerme al menos brevemente para contarlas. Lo primero que pudimos probar de la primera bodega – también llamada la bodega vieja – es su vino en rama. Un vino de crianza biológica con unos 2-3 años de media que cría en estática y se rocía para conservar su flor. Un vino extraordinario con poca acidez pero con una profundidad y una redondez marcada pese a su juventud. Un vino turbio y con algunos restos de su velo de flor en el vino. Una verdadera joya de la bota a la copa. Algo que debería conservar Montilla Moriles ya que los vinos en rama son la verdadera esencia del vino que bebemos en la Denominación de Origen. Muestra toda su expresión en color, nariz y en boca. Espero que aquellos que defienden que todos los vinos tienen que filtrarse y ser brillantes reflexionen y no nos quiten la posibilidad de disfrutar vinos como los que defiende Antonio Doblas. Quien además mantiene sus vinos con el ph tal y como es de la uva y de la bota. Y ello destaca en la baja acidez de cada uno de sus vinos.

En la bodega vieja también pudimos probar otros vinos de crianza biológica. Como el Solera Fina de la Bodega. Un fino de unos seis años de crianza bajo el sistema de solera y criaderas que está espectacular. En nariz y en boca es todo sabor a levadura, muy seco y redondo. Un gran vino para maridarlo con lo que apetezca. Porque marida con todo. Pero, más allá de estas ya verdadera joyas enológicas, Antonio Doblas guarda en la bodega vieja cuatro botas espectaculares. También de crianza biológica. Dos de ellas, llevan siete años de crianza estática, muy poco rociadas, coincidiendo con el nacimiento de sus dos hijos: Antonio y Francisco. Y aunque estén una al lado de la otra y tengan la misma crianza y el mismo tiempo, son vinos completamente diferentes. Junto a estas botas, tienen otra que es, por así decirlo, su marca familiar. Una bota de su abuelo a la que llaman de los tres gritos. Un vino biológico ya de una tonalidad oro viejo que es realmente extraordinario. Incluso mejor que este, es otro vino de crianza biológica – que guarda en tan solo una bota – que da a probar solo el día de Nochebuena a una hora muy concreta.

Antonio Doblas venenciando el vino de la bota marca familiar.

También tuve el honor de probarlo. Su sapidez es redonda y está en el filo entre el fino y el amontillado. Sin duda, otra joya que ha sabido conservar en el tiempo Antonio Doblas, gracias a su pasión por sus vinos de Moriles. En esta bodega vieja también tiene dos grandes amontillados de los que os contaré en unos minutos. Pero antes, me detendré en una bodega trasera que ‘se inventó’ Antonio Doblas cubriendo una parcela a la trasera de la bodega. Allí, encima de las botas de vino en rama guarda medias botas de amontillado. Un amontillado de unos 15 años de crianza muy bueno. Subido a una escalera, Antonio demostró una vez su destreza con la venencia para servir unas copas de amontillado. Tiene un color ámbar claro y aunque posee claros recuerdos a su crianza biológica es un amontillado redondo. En aquella bodega también envejece algunos tintos en pocas y pequeñas botas de roble francés y americano.

Antes de volver a la bodega vieja, subiendo por una escalera llegamos a la primera planta donde encontramos una sala de visitas – o de catas, donde pueden celebrarse almuerzos. Llama la atención un gran ventanal donde poder observar en altura la bodega vieja. Volviendo a la misma, Antonio y Lola nos enseñaron un artilugio creado por el propio Antonio. Una herramienta de bodega que más allá que dejarla de adorno o recuerdo, la ha convertido en una mesa camarera con ruedas para transportar lo que haga falta por la bodega. Sin duda, una idea genial. Y allí, después de un recorrido fascinante por la crianza biológica y habiendo probado un amontillado de 15 años, Antonio Doblas nos da a probar un amontillado de unos 25 años – lo que en Jerez conoceríamos como un VOS – sencillamente espectacular. Pese a su tonalidad ámbar, tanto su nariz como su boca da cuenta de su larga crianza. Este amontillado es conocido en el mercado y se llama Amontillado Doblas, viejas soleras.

La cata finalizó por lo que puedo denominar la joya de la corona. Bodegas Doblas guarda el amontillado de más de 20 años en unas botas algo más pequeñas al fondo de una de las calles de la bodega. Pues la última de esas botas, esconde un amontillado con una edad media muy superior. En torno a unos 80 años de crianza. Un amontillado ya de una tonalidad caoba, que es todo aroma y sabor. De los que te lees un libro completo oliéndolo sin haberlo probado. Un amontillado que en pocos minutos había inundado aquel espacio de la bodega de su olor. Un espectáculo maravilloso cuidado con mimo por un gran bodeguero.

En definitiva, Bodegas Doblas es una bodega de vinos de autor. Únicos y personales y muy especiales. Desde el más joven, al más viejo. Vinos que dan cuenta de todas las bondades que nos ofrece Moriles. Y Antonio Doblas sabe hacerlos. Porque tiene el ingrediente fundamental. La pasión. La pasión por Moriles. Por su esencia. Por sus vinos. Y su pureza. Y así, nos hace felices a quienes tenemos la suerte de probarlos.

Los vinos de Jerez son únicos en todo el mundo. La versatilidad de la uva palomino fino (la principal del Marco) así como su combinación con la frescura de la moscatel o la pedro ximénez dan lugar a grandes vinos, ideales para maridar con cualquier tipo de plato. Pero si hay algo en lo que se caracteriza el sherry es en su crianza bajo el sistema dinámico de criaderas y soleras. Frente al rigidez de las añadas, este sistema de crianza y envejecimiento logra que nazcan vinos con una homogeneidad en sus olores, colores y sabores, que pueden ir desde los 5 hasta los 100 años de crianza.

Para comprender el sistema de soleras y criaderas, imaginemos una andana de botas. Pensemos que esa andana está compuesta, por ejemplo, por tres filas de botas, unas encimas de otras, componiendo diferentes escalas del vino. En la siguiente fotografía, podremos verlo mucho mejor.

Las botas normalmente tienen una capacidad entre 500 y 600 litros, aunque no están llenas en su totalidad. Tienen 1/5 aproximadamente vacío para que el vino respire. No podemos olvidar que se tratan de botas de roble americano, una madera que respira bastante bien y que permite las mejores condiciones para la crianza de estos vinos.

Las botas tradicionalmente situadas en vertical, de abajo arriba se sitúan por escalas: Solera, 1ª Criadera, 2ª Criadera, 3ª Criadera, y así sucesivamente. De mayor a menor número de años de crianza. Así, si un vino tiene solera y cuatro criaderas, la cuarta criadera será la que contenga el vino más joven y la primera criadera tendrá el vino más criado solo superado en tiempo de crianza por la solera. El número de años de crianza lo marca cada bodega en cada una de sus marcas. Todos los sherry tienen una solera y un número determinado de criaderas.

Bodega de Delgado Zuleta, en Sanlúcar de Barrameda.

Pero para poder ser más claro, vamos a iniciar esta explicación por el final. Cuando realizamos una saca del vino para embotellarlo, será siempre desde la Solera. La Solera es la hilera de botas que tradicionalmente está más cercana al suelo, de ahí su nombre. Además, como las botas del Jerez estaban tradicionalmente sobre albero, la Solera era la bota más fresca, y por ende en la que mejores condiciones se encuentra. Actualmente muchas son las bodegas que utilizan sistemas de última tecnología para adecuar la temperatura de las botas, aunque aún quedan algunas que siguen regando el albero. La Solera es la bota del vino terminado, con el número de años de envejecimiento que se deseen, al menos tres, y con las características que se busquen. La Solera por tanto es la escala con el vino más envejecido. De ahí se saca el dicho jerezano de ‘Cuánta Solera tiene…’ refiriéndonos a algo que redondo y con un potente sabor añejo, como los vinos de Jerez. Dependiendo si son de crianza biológica, oxidativa, combinada o un coupage con vinos dulces serán de una tipología u otra.

La saca que se realiza siempre es un tercio del vino de la bota de solera. Ese tercio puede ser dividido en las múltiples sacas que se realicen durante el año, pero tan solo debe sacarse un tercio de la solera de cada bota. El vacío que deja la bota de Solera se llena con vino de la 1º Criadera. De esta se extrae un tercio y se llena la Solera. De la misma forma, la 1º Criadera se llena de vino de un tercio de jerez de la 2ª criadera y así sucesivamente hasta llegar a la última criadera también denominada ‘Sobretablas’. El proceso de llenar las botas de criadera a criadera se le denomina rocío. En la última criadera, que puede ser la 4ª, la 6ª o la 10ª, entra el vino más joven tras ser fermentado y encabezado a 15 grados de alcohol vínico en el caso de los vinos de crianza biológica o 17 grados en el caso de la crianza oxidativa.

Aunque tradicionalmente el sistema de soleras y criaderas es un sistema vertical, actualmente hay bodegas que crían sus vinos con este sistema de manera horizontal. Es decir, toda una hilera de botas serán la Solera, otra hilera de botas serán la 1ª Criadera, y así sucesivamente. Es el caso, por ejemplo, de la Bodega Valdespino con su Fino Inocente que se cría en 10 criaderas y 1 solera. Es inviable situar más de cinco botas en vertical, ya que el peso acabaría con la bota de más abajo.

Este sistema de soleras y criaderas se realiza actualmente de manera tecnológica, sin apenas manipulación de los operarios de bodega. Pero antiguamente, era un proceso más laborioso, ya que había que ir bota por bota sacando con un bastón de saca y llenándolo con tres objetos prácticamente obsoletos de las faenas bodegueras. Las jarras (que sí son más utilizadas actualmente), el rociador y la canoa.

Los vinos se sacaban con un bastón de saca, o una goma aspirada para poder ir llenando cada una de las botas tras las sacas. La cantidad se calculaba a través de las jarras. En cada jarra cabe una arroba, que en el lenguaje bodeguero son 16 litros. Para los rocíos de las botas se utilizaban también las jarras, la canoa y el rociador. El rociador es un palo metálico alargado, taponado al final y perforado con pequeños boquetitos en sus laterales. El rociador se introducía por el bojo, que es el agujero superior de la barriga de la bota. Este rociador llegaba hasta prácticamente la mitad de la bota. Unido al rociador estaba la canoa, un objeto con la forma de canoa que hacía de embudo para el llenar las botas. Finalmente el sherry se depositaba en la canoa a través de las jarras y gracias al rociador, el vino iba llenando paulatinamente desde el propio líquido sin afectar a la tranquilidad del mismo ya en la bota. Esto lograba que el velo de flor, en el caso de la crianza biológica no sufriera el trasiego de las sacas y los rocíos.

El sistema de soleras y criaderas, capaz de lograr grandes joyas de la viticultura como son los vinos de Jerez.

En el Marco de Jerez hay dos vinos muy parecido. El Fino y la Manzanilla de Sanlúcar. Y es que los dos sherry de crianza biológica tan solo les separan apenas 30 km. Los que hay de Jerez de la Frontera o el Puerto de Santa María a Sanlúcar de Barrameda, y viceversa. Ambos comparten la uva, el tipo de crianza, el sistema de crianza e incluso prácticamente el maridaje. Pero hay rasgos que lo diferencian, no tanto visualmente (ya que son prácticamente idénticos) pero si en nariz y en el paladar. Pero antes de conocer sus diferencias veamos sus similitudes. Los Finos y las Manzanillas provienen al 100% de la uva Palomino Fino, la uva por antonomasia plantada en toda la Campiña de la Denominación de Origen. Esta uva nace principalmente en tierra albariza, que como saben es una tierra calcárea y caliza con gran contenido mineral y capaz de retener muy bien el poco agua que cae en los meses de lluvia en esta zona del oeste de Andalucía.

La crianza biológica del Fino y la Manzanilla también es la misma. Cuando el mosto de primera yema, que se obtiene de la propia presión de la uva amontonada siendo este el de mayor calidad, es fermentado y encabezado a 15 grados de alcohol vínico, reposa sobre la criadera más joven de la bota, ocupando ¾ partes de la misma. Dejando ¼ para que el vino pueda respirar. Y así, es como se forma en el propio vino una serie de levaduras blancas que conforman toda la superficie del mismo denominándose ‘velo de flor’. Este velo conseguirá que tanto los Finos como las Manzanillas de Sanlúcar sean de una tonalidad pálida, ya que el velo actúa como capa que impide que el vino entre en contacto con el aire y se oxide. Para ponerles un ejemplo es como la piel de la manzana, se le quitamos la piel a una manzana en poco tiempo se oxidará. Las levaduras del velo a su vez, se alimentarán de los azúcares residuales del vino, dejando con el paso de los años una marcada acidez. Y también, el velo de flor logra que el vino se evapore más lentamente.

Tanto Fino como Manzanilla son criados con el sistema dinámico de soleras y criaderas, donde el vino va pasando mediante ‘rocíos’ por todas las criaderas (desde la más joven) hasta la solera. Una vez ahí, se realiza la saca del vino que irá a los procesos de filtrado, clarificación, frío y estabilización – los vinos en rama tan solo pasan por un pequeño filtrado o colado para eliminar posibles impurezas del vino en la bota – y seguidamente a botella.

Bodega Delgado Zuleta.

Entonces, ¿qué les diferencia?. Principalmente, Sanlúcar de Barrameda. El microclima existente en esta zona de la costa noroeste gaditana logra que los vientos impregnen al terruño sanluqueño y a las propias botas de Manzanilla una serie de características singulares que lo diferencian del Fino. Y tan solo sucede en Sanlúcar de Barrameda ya que una de las ciudades más reconocidas por su Fino es El Puerto de Santa María, ciudad costera y marinera como lo es Sanlúcar.  Por lo tanto, la Manzanilla de Sanlúcar ya se diferencia del Fino porque se cría en un microclima donde la humedad y los vientos son muy importantes. De hecho, la vendimia en Sanlúcar de Barrameda se realiza unas dos o tres semanas más tarde del comienzo de la campiña jerezana. Además el velo de flor, debido a la humedad, en Sanlúcar de Barrameda se mantiene muchísimo mejor que en Jerez, donde sufre durante los meses de verano por el calor.

El microclima sanluqueño marca las diferencias entre la Manzanilla de Sanlúcar y el Fino.

Además en Sanlúcar las bodegas están abiertas al paso de estos vientos de levante que impregnan de autenticidad a la Manzanilla de Sanlúcar.  La cercanía de sus viñas con la costa atlántica también es un elemento fundamental a la hora de la mimada elaboración de la Manzanilla.

El resultado a la vista es prácticamente el mismo. Un vino pálido que depende de su número de años de crianza y de su saca si es en rama o no, tendrá mayor o menor brillantez o será más o menos turbio. Aunque es cierto que en ocasiones, es complicado diferenciar entre Finos y Manzanillas debido a su gran parecido les separan algunos matices. En nariz, la Manzanilla de Sanlúcar ofrece tonos florales, y a cáscara de cítricos. En boca, tiene una acidez muy  marcada, como también saboreamos en el Fino, seco, pero tiene una salinidad muy destacada sobre todo en el paladar. Es propio, que casi sin darnos cuenta, salivemos mucho cuando estamos disfrutando de una buena Manzanilla de Sanlúcar. En cambio el Fino en nariz tiene más aromas tostados y a frutos secos, como pueden ser las castañas o las almendras. Y en boca, aun teniendo la persistencia de la acidez en boca y corresponder a un vino muy vertical, su paso es ciertamente más amargo, con un paso mineral y bastante seco.

Bodega Sánchez Romate.

Mi recomendación para vinos Fino son: Inocente de Valdespino, Tío Pepe de González Byass (si pueden, disfrútenlo en rama), Harveys Fino de Fundador, Fino Quinta de Osborne, Fino de Sánchez Romate, la botella de Fino de Lorente y Barba o el Fino Tío Mateo.

Para las Manzanillas de Sanlúcar mi recomendaciones son: La Goya de Delgado Zuleta, La Kika de Bodegas Yuste, La Guita (puede probar su versión en Rama), de Hijas de Rainera Pérez Marín, Sacristía AB de Antonio Barbadillo (es una manzanilla en Rama), o Solear de Barbadillo (tiene su versión en Rama). Al igual que en los Finos, hay Manzanillas de grandísima calidad.

Su maridaje es común sobre todo en aperitivos y para disfrutar de tanto Fino o Manzanilla como vino de mesa, especialmente con arroces o pescados. Concretamente, recomiendo maridar el Fino con un buen jamón ibérico y a la Manzanilla como un rico langostino de Sanlúcar.

Jerez puede reconocer con orgullo que posee uno de los espirituosos con mayor nobleza que existen en el mundo. El Brandy de Jerez. La esencia del sherry, su espíritu. Un destilado frecuentemente vinculado a un público adulto, que ronda los 50 años. Sin embargo, el Brandy de Jerez es fresco y versátil, como lo son los jereces, pudiéndose disfrutar solo, maridado o con diferentes combinaciones. Un espirituoso capaz de atrapar de una vez por todas al consumidor joven, que ronda los 20 – 35 años de edad. Es probable que una de las barreras del propio Brandy es el desconocimiento de los consumidores sobre su elaboración y su abanico de posibilidades de consumo. Es por ello que vamos a desgranar cómo se elabora comprobando la multitud de opciones para disfrutarlo. Para degustar con todos los sentidos el espíritu del Jerez.

El Brandy de Jerez se obtiene a través de la destilación de vinos sanos, perfectamente aptos para el consumo. Históricamente se han utilizado vinos de la varietal Airén, una de las variedades de uva más plantadas en toda la península ibérica, (incluido en Andalucía), junto con vinos de Jerez nacidos de uva palomino fino, como saben principal uva del Marco de Jerez. Actualmente, algunas bodegas de la D.O. Jerez envejecen Brandy exclusivamente elaborado con uva palomino fino.

Esta destilación se realiza o bien a través de columnas de destilación, con la última tecnología, o en alambiques (alquitaras) de cobre, principalmente del siglo XIX, resultando hábil tan solo la parte central del destilado, desechando las cabezas y las colas del mismo. Como dato característicos, son ya pocas bodegas en Jerez las que conservan alambiques, siendo el de González Byass y el de la actual Bodega Fundador (antigua Pedro Domecq) los más conocidos.

Alambique de la bodega González Byass.

Para la obtención de un litro de Brandy es necesario en torno a tres y cinco litros de vino. Dependiendo de la calidad del vino este destilado resultará en holandas (de baja graduación, menos de 70% de vol de alcohol.), aguardientes ( de graduación media entre 70 y 86%) y destilados (de alta graduación entre 86 y 94%).

Una vez obtenidos los destilados, holandas y aguardientes pasan a descansar en botas de roble americano, que han criado previamente vinos de Jerez (Finos, Amontillados, Olorosos, Palo Cortado, Pedro Ximénez, etc). Estas botas son claves para la elaboración del Brandy de Jerez ya que le darán los matices particulares a cada uno de ellos, evocando a los vinos que han criado entre sus duelas. De esta manera, si el Brandy permanece en una bota previamente envinada de Fino, será un Brandy más pálido y recordará en sus notas al Fino, o si previamente ha criado Pedro Ximénez, el Brandy será oscuro y abocado. Además el Brandy también es envejecido bajo el sistema de criaderas y soleras, hasta alcanzar la vejez deseada. Tendrá entre 36 y 45% de vol. alcohólico.

El brandy de Jerez puede servirse en copa de vino.

Dependiendo de sus años de crianza en botas de roble americano, el Brandy de Jerez se clasifica en:
Solera: Cada vez menos utilizado. Ya se le conoce como bebida espirituosa, algunos incluso por debajo de 36 grados de vol. alcohólico. Tiene una vejez entre 6 meses y un año.
Solera Reserva: De uno a tres años de envejecimiento.
Solera Gran Reserva: A partir de tres años de envejecimiento.
En este sentido y en una apreciación personal, el Consejo Regulador debería contemplar una nueva categoría ya que entre los Solera Gran Reserva podemos encontrar Brandy de Jerez desde 3 años hasta de 50 años de envejecimiento.

Hay muchas opciones para disfrutar del Brandy de Jerez. No solo para un consumidor más adulto. También para la gente joven de entre 20 y 35 años. El Brandy de Jerez puede saborearse solo, principalmente en una copa alta de vino y frío, a una temperatura de vino blanco, como el vino de Jerez. También puedes probar el Brandy a temperatura ambiente, en copa de vino, baja o de balón. Solo, puedes maridarlo con chocolate negro, principalmente a partir de 70% cacao. Recomiendo disfrutarlo con este chocolate negro con sal. Se sorprenderán. También, aunque para mi gusto, en menor medida encaja con quesos. En este sentido si es usted fumador, puede disfrutarlo con puros.
Igualmente el Brandy de Jerez puede disfrutarse en chupitos muy fríos, o combinarlo con refrescos y zumos en copas de balón o vasos anchos, o bien como base de cócteles.

Recomiendo disfrutar el Brandy de Jerez solo, en copa de vino, a temperatura de vino blanco y con chocolate negro con al menos 70% de cacao con sal.

Como han podido comprobar el Brandy de Jerez es el espíritu del Jerez. Una bebida espirituosa muy noble, nacida del vino y con una multitud de combinaciones para disfrutarlo, con un consumo responsable, como más les plazca. El Brandy de Jerez es una verdadera delicia para los sentidos. Para sentir la esencia del vino de Jerez. Mi recomendación es degustar los siguientes Brandy Solera Gran Reserva: Gran Duque de Alba de William Humbert, Valdespino Rare Spirits, de Valdespino de Grupo Estévez, Lepanto de González Byass, Carlos I Imperial de Osborne, o Cardenal Mendoza de Sánchez Romate.