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Antonio Doblas es un autor de vinos. Un enólogo y bodeguero apasionado de Moriles. De los que han vivido toda su vida en torno a viñas, botas y venencias.

Antonio Doblas es un enamorado de sus vinos, a los que da su una personalidad muy especial. Porque él disfruta con intensidad el trabajo de bodega cada día. Es de los que vive en sus cascos y solo acude a casa para dormir. Y le viene de familia, porque es la tercera generación de bodegueros. Su padre y su abuelo ya lo fueron. Y él tenía muy claro desde joven cuál iba a ser su camino. En su andadura le acompaña su mujer, Lola. También de familia bodeguera siendo asimismo la tercera generación entre vinos de Moriles. Una prueba más de que la pasión y el entusiasmo en las bodegas tiene mucho que ver para criar vinos buenos y únicos como los de Bodegas Doblas.

El pasado sábado tuve la oportunidad de conocer en profundidad y de la mano de sus fundadores (Antonio y Lola) la Bodega Doblas. Doblas es una pequeña bodega situada en pleno corazón de Moriles. Su alma mater es Antonio Doblas, quien cuenta con viveza cada uno de los pasos dados con su bodega. Él y su mujer se hicieron con la actual ubicación en el año 2000 creando todo lo que tienen ahora. La fachada moderna y elegante da paso a un patio delantero donde en el mes de septiembre se monta una bien conseguida planta de vendimia. Allí mismo tienen el peso (para los camiones que transportan la uva) y ubican la maquinaria necesaria para despalillar, seleccionar la uva y prensarla con una prensa neumática. Su vendimia se realiza en los viñedos que poseen en Moriles Altos – la mejor zona de uva de la D.O. Montilla Moriles. Y también en otros viñedos de viticultores de la zona, a los que compran la uva primando la calidad. Un rasgo característico de Bodegas Doblas es que la uva – pedro ximénez – es transportada en cajas. Cajas que una vez descargadas son lavadas y desinfectadas para volver al viñedo. Y es Antonio Doblas quien dirige la vendimia. Cuándo tiene que vendimiarse qué viñas y cuánta cantidad. Separando los viñedos por rasgos similares para obtener vinos distinguidos.

Antonio Doblas junto a uno de los depósitos de fermentación de su bodega.

Esta digamos planta de vendimia tiene dos amplias salas anexas al citado patio de bienvenida. Entrando a mano izquierda, se encuentra una pequeña sala de techos altos donde se encuentran los depósitos de fermentación con temperatura controlada. Grandes depósitos de 50.000 litros que sirven para fermentar los blancos de Doblas. También tiene un tanque más pequeño, de unos 15.000 litros donde se fermentan los vinos de color. A la derecha del patio se encuentra otra de las salas donde está la prensa neumática y toda la maquinaria necesaria para el tiempo de vendimia. Y subiendo por unas escaleras en esa misma sala de techos altos, accederemos a la planta alta donde se encuentran las bocas de las vasijas donde cría el blanco de crianza de Bodegas Doblas. Destapando una de ellas pudimos contemplar el ancho velo de flor que cubría toda la superficie. Una belleza enológica de la D.O. Montilla Moriles. Antonio tomó la venencia y con respeto la hundió en el velo de aquella vasija para después con elegancia servir el vino en los catavinos que sostenía. Este primer vino es lo que en pocos meses se convertirá en Envero, el vino de tinaja de Bodegas Doblas. Un vino fresco, agradable pero lleno de personalidad con un retrogusto amargo muy característico.

Bodegas Doblas tiene dos cascos de bodega con unas 800 botas de roble americano que crían mayoritariamente vinos de crianza biológica, su verdadera especialidad. Y tiene tantas joyas que me es casi imposible no detenerme al menos brevemente para contarlas. Lo primero que pudimos probar de la primera bodega – también llamada la bodega vieja – es su vino en rama. Un vino de crianza biológica con unos 2-3 años de media que cría en estática y se rocía para conservar su flor. Un vino extraordinario con poca acidez pero con una profundidad y una redondez marcada pese a su juventud. Un vino turbio y con algunos restos de su velo de flor en el vino. Una verdadera joya de la bota a la copa. Algo que debería conservar Montilla Moriles ya que los vinos en rama son la verdadera esencia del vino que bebemos en la Denominación de Origen. Muestra toda su expresión en color, nariz y en boca. Espero que aquellos que defienden que todos los vinos tienen que filtrarse y ser brillantes reflexionen y no nos quiten la posibilidad de disfrutar vinos como los que defiende Antonio Doblas. Quien además mantiene sus vinos con el ph tal y como es de la uva y de la bota. Y ello destaca en la baja acidez de cada uno de sus vinos.

En la bodega vieja también pudimos probar otros vinos de crianza biológica. Como el Solera Fina de la Bodega. Un fino de unos seis años de crianza bajo el sistema de solera y criaderas que está espectacular. En nariz y en boca es todo sabor a levadura, muy seco y redondo. Un gran vino para maridarlo con lo que apetezca. Porque marida con todo. Pero, más allá de estas ya verdadera joyas enológicas, Antonio Doblas guarda en la bodega vieja cuatro botas espectaculares. También de crianza biológica. Dos de ellas, llevan siete años de crianza estática, muy poco rociadas, coincidiendo con el nacimiento de sus dos hijos: Antonio y Francisco. Y aunque estén una al lado de la otra y tengan la misma crianza y el mismo tiempo, son vinos completamente diferentes. Junto a estas botas, tienen otra que es, por así decirlo, su marca familiar. Una bota de su abuelo a la que llaman de los tres gritos. Un vino biológico ya de una tonalidad oro viejo que es realmente extraordinario. Incluso mejor que este, es otro vino de crianza biológica – que guarda en tan solo una bota – que da a probar solo el día de Nochebuena a una hora muy concreta.

Antonio Doblas venenciando el vino de la bota marca familiar.

También tuve el honor de probarlo. Su sapidez es redonda y está en el filo entre el fino y el amontillado. Sin duda, otra joya que ha sabido conservar en el tiempo Antonio Doblas, gracias a su pasión por sus vinos de Moriles. En esta bodega vieja también tiene dos grandes amontillados de los que os contaré en unos minutos. Pero antes, me detendré en una bodega trasera que ‘se inventó’ Antonio Doblas cubriendo una parcela a la trasera de la bodega. Allí, encima de las botas de vino en rama guarda medias botas de amontillado. Un amontillado de unos 15 años de crianza muy bueno. Subido a una escalera, Antonio demostró una vez su destreza con la venencia para servir unas copas de amontillado. Tiene un color ámbar claro y aunque posee claros recuerdos a su crianza biológica es un amontillado redondo. En aquella bodega también envejece algunos tintos en pocas y pequeñas botas de roble francés y americano.

Antes de volver a la bodega vieja, subiendo por una escalera llegamos a la primera planta donde encontramos una sala de visitas – o de catas, donde pueden celebrarse almuerzos. Llama la atención un gran ventanal donde poder observar en altura la bodega vieja. Volviendo a la misma, Antonio y Lola nos enseñaron un artilugio creado por el propio Antonio. Una herramienta de bodega que más allá que dejarla de adorno o recuerdo, la ha convertido en una mesa camarera con ruedas para transportar lo que haga falta por la bodega. Sin duda, una idea genial. Y allí, después de un recorrido fascinante por la crianza biológica y habiendo probado un amontillado de 15 años, Antonio Doblas nos da a probar un amontillado de unos 25 años – lo que en Jerez conoceríamos como un VOS – sencillamente espectacular. Pese a su tonalidad ámbar, tanto su nariz como su boca da cuenta de su larga crianza. Este amontillado es conocido en el mercado y se llama Amontillado Doblas, viejas soleras.

La cata finalizó por lo que puedo denominar la joya de la corona. Bodegas Doblas guarda el amontillado de más de 20 años en unas botas algo más pequeñas al fondo de una de las calles de la bodega. Pues la última de esas botas, esconde un amontillado con una edad media muy superior. En torno a unos 80 años de crianza. Un amontillado ya de una tonalidad caoba, que es todo aroma y sabor. De los que te lees un libro completo oliéndolo sin haberlo probado. Un amontillado que en pocos minutos había inundado aquel espacio de la bodega de su olor. Un espectáculo maravilloso cuidado con mimo por un gran bodeguero.

En definitiva, Bodegas Doblas es una bodega de vinos de autor. Únicos y personales y muy especiales. Desde el más joven, al más viejo. Vinos que dan cuenta de todas las bondades que nos ofrece Moriles. Y Antonio Doblas sabe hacerlos. Porque tiene el ingrediente fundamental. La pasión. La pasión por Moriles. Por su esencia. Por sus vinos. Y su pureza. Y así, nos hace felices a quienes tenemos la suerte de probarlos.

Andalucía es una Comunidad conocida por su agricultura.

Un rasgo característico de Andalucía es la buena gastronomía que podemos disfrutar en sus bares y restaurantes. La región más grande de España donde viven más de ocho millones de personas es admirada por sus campos de olivo, su trigo, sus naranjos y entre otras actividades agrícolas por su viñedo. Unas vides que abarcan el norte y sur, este y oeste de toda la Comunidad andaluza. Viñas que peinan todo su territorio y donde crece uva amparada por 8 Denominaciones de Origen Protegida y por 16 Indicaciones Geográficas Protegidas.

Andalucía es tierra de vinos. Principalmente nacidos de uva blanca ya que aunque también posea grandísimos vinos elaborados con uva tinta, su reflejo en la enogastronomía es una tierra de vinos blancos. Si tenemos en cuenta que Denominaciones de Origen como Jerez, Manzanilla de Sanlúcar, Montilla Moriles y Condado de Huelva suponen más del 90% del vino que se produce en Andalucía podemos confirmar sin ninguna duda que Andalucía es tierra de vinos de uva blanca. Tomando dichas Denominaciones de Origen como ejemplo: la uva predominante de Jerez y de Manzanilla de Sanlúcar es la Palomino Fino (blanca). La de Montilla Moriles la Pedro Ximénez (blanca) y la del Condado de Huelva la Zalema (blanca).

Para seguir leyendo pincha en el siguiente enlace Andalucía verde y blanca El Correo del Vino

El virus COVID-19 (coronavirus) nos tiene confinados en nuestras casas, para evitar el contagio y su propagación. Esta situación nos va a generar muchas horas libres. Una forma efectiva y placentera de pasar ese tiempo es disfrutando de un libro y un buen vino. En concreto, es un buen momento para redescubrir el mundo de los vinos andaluces, generosos y dulces, tanto en la lectura como en verlo, olerlo saborearlo. Y todo ello, gracias a la tecnología de la que podemos servirnos en la diferentes plataformas digitales y tiendas online de vinotecas y bodegas.

Pero primero deberíamos plantearnos, qué vino encaja mejor para disfrutar de la lectura. Aunque cualquier vino es óptimo para acompañar a un buen libro, en este caso yo recomendaría hacerlo con uno con una clara crianza oxidativa, ya sea un buen amontillado o un oloroso si lo prefieres seco, o un potente pedro ximénez en el caso de que lo prefieras dulce. En el caso de los secos, son vinos con un importante cariz aromático, aunque lo que más destaca en esencia es la profundidad y la redondez de matices y sabores que permanecen en boca en cada sorbo. Son vinos con los que detenerse a disfrutarlos, manteniendo su sabor durante varios minutos en la boca. Destacan los sabores de frutos secos, toques abocados y la madera. Con un retrogusto ciertamente amargo y delicado. Así, se hace un complemento perfecto para leer ya que, tras injerirlos, permanecen durante bastante tiempo en boca. También son vinos fantásticos para descubrir la multitud de matices que puedes reconocer mientras continúas la lectura. En el caso de los dulces, un buen pedro ximénez, es un poco más largo en nariz reconociéndose aromas a pasas y regaliz y llevando esos matices a la boca, a los que se suman los toques a café, chocolate negro o tabaco. Los pedro ximénez son vinos densos que permanecen en boca a su vez, también durante varios minutos. Y para el amante de los dulces, puede ser un fantástico aliado de la lectura.

Los vinos oxidativos tienen una gran profundidad aromática.

En tiendas como Bodeboca o vinoselección pueden encontrar grandes vinos muy buenos en su relación calidad/precio. Y además, hay varias bodegas que debido a este confinamiento en casa ha eliminado de sus pedidos los gastos de envío, como Barbadillo (a partir de 30 euros) o Delgado Zuleta, esta última ofrece además un 10% de descuento en todos sus productos introduciendo el código QUEDATEENCASA. En la multitud de vinos de estas tipologías oxidativas existentes yo recomendaría los siguientes, secos: Palo Cortado Leonor, Amontillado Del Príncipe, Palo Cortado Monteagudo, Amontillado Príncipe, Misterio Condado Viejo, Oloroso Asunción, Amontillado Doblas o Amontillado Bigotillo;  y dulces: PX Gran Barquero, Alvear PX 1927, Don PX 2018, PX El Candado o PX Nectar. Aunque hay muchísimos, todos los que os selecciono están por debajo de los 20 € la botella.

Los libros pueden encontrarlos en muchas librerías con tienda online, aunque la plataforma que más recomiendo es Amazon. Entre los libros destacados sobre estos vinos andaluces se encuentra: Manzanilla, Jerez y Montilla, vinos tradicionales de Andalucía de Jesús Barquín y Peter Lim. Este libro ha sido la revelación en el último año y se le considera el decálogo de los generosos andaluces. Otro buen libro que pueden encontrar es El Vino de Jerez y Sanlúcar de Enrique Becerra; El jerez y sus misterios de Beltrán Domecq o El viñedo en Jerez durante el siglo XV, de Emilio Martínez y Enrique José Ruíz. De temática general de vino está entretenido El vino no tiene misterio de Ophélie Neiman y Jordi Terré Alonso o ¿Te cuento un vino? de Enrique López, o descubrir otras Denominaciones de Origen con el libro Rioja vinos silenciosos, de Antonio Remesal.

Vinos andaluces, generosos y dulces, y libros sobre vinos para sobrellevar de mejor manera nuestras horas en casa en el confinamiento por el coronavirus.

Es indudable reconocer la excelente calidad de los vinos generosos. Aunque conozco en mayor medida a los sherry, la categoría del resto de generosos andaluces no se queda atrás, encontrando vinos maravillosos también en Montilla-Moriles, Condado de Huelva, Málaga, Sevilla y demás zonas de producción del sur de España. Una calidad, única, gracias a la versatilidad de las varietales con las que se elaboran estos vinos así como el clima y la tierra donde crece su uva y las condiciones de las botas y bodegas en las que se crían. Todo un conjunto de valores, para lograr unos vinos únicos en el mundo, perfectos para maridar cualquier tipo de platos.

Pero existe una cuestión, no menos importante, que afecta directamente a estos vinos. Y es su precio. Son vinos completamente infravalorados por el público en general, y curiosamente, por el autóctono en particular. Vinos que – si los comparáramos con otras Denominaciones de Origen – en su mayoría son Soleras Gran Reserva. Porque, la mayor parte de estas joyas enológicas superan con creces los tres años de crianza, que en otras Denominaciones de Origen lo catalogarían como un gran vino, con una larga crianza. Entonces, ¿por qué los vinos generosos son tan baratos?. Desgraciadamente, porque las bodegas han de adaptarse a una comercialización de los mismos según las demandas que existan en el mercado.

Fotografía: Diario de Jerez.

Quizás habría que plantearse que no se ha llevado, en el caso del jerez entre otros, por ejemplo, por el mejor camino. En gran parte de España se piensa que los jereces y las manzanillas, son vinos de Feria, que se toman en catavino bajo, nunca en copa alta, y que son, en cualquier caso un complemento perfecto para el aperitivo pero nada más. No se les valora y ni siquiera se les contempla como vino de mesa. Es cierto que en las ferias la mayoría beben vinos generosos, pero ¿es realmente positivo para el sector que se baje tanto el precio del vino como se hace en la mayoría de ferias?. Así, cuando la copa de vino en la feria no supera en muchas ocasiones el 1,50 € y es un vino donde la gente no saborea, solo consume y se emborracha (aunque hay de todo), es muy difícil apreciar sus bondades. Cuando el consumidor descubre los generosos y comprueban su versatilidad en el maridaje, se llevan una gran sorpresa y en su mayoría reconocen que nunca habrían valorado estos vinos como para consumirlos habitualmente.

Hay vinos generosos que con quince años de crianza, no superan los 20 euros. Es increíble, pero es así. Y tenemos multitud de casos en el mercado. O algunos con más de 10 años de crianza que no superan los 10 euros. Ni a euro por año, de mimado cuidado para la producción de estos vinos.

Igual de importante, es el apoyo de la hostelería por los vinos de la tierra. Nunca han de faltar vinos de la tierra, blancos, tintos y generosos en los bares y restaurantes de una zona, más si cabe cuando se tratan de zonas vitivinícolas tan importantes como tenemos en la región: Jerez, Huelva, Montilla-Moriles, Málaga, Almería o Sevilla.  Y es que, con los grandes vinos que tenemos en Andalucía, duele saber que Rioja es el vino que más se consume en la comunidad. Y que gran parte de la hostelería andaluza tengan en sus cartas de vinos sobre todo Rioja o Rueda. Apostar por los vinos generosos en la hostelería también es una forma de entrar a conocer estos vinos, y por ende valorarlos.

Otro de los motivos puede estar en la desinformación que se tiene de los vinos generosos andaluces, donde la mayoría no salen del fino, la manzanilla o el cream y el pedro ximénez básico. Vinazos como el amontillado o el oloroso son desconocidos para el público general y sobre todo, para sus paladares. La versatilidad que ofrecen estos vinos para convertir las comidas en auténticas experiencias gastronómicas sobresale por encima de cualquier otra zona de producción. Pero no los conocemos. No sabemos apreciar su sequedad, su expresividad, su acidez. Además, en una sociedad que ha nacido con bebidas dulces: colacao, coca cola o fanta, le es más difícil incorporarse al mundo de los generosos, y es por ello que muchos se queden en el cream o el pedro ximénez.

Es verdad, que desde los Consejos Reguladores de los generosos andaluces y desde las propias bodegas se está intentando desestacionalizar el vino de la feria, para consumirlo durante todo el año, enseñando sus distintos maridajes, e incluso cambiando su consumo mediante un catavino de tallo alto y más ancho, donde apreciar con la nariz y el gusto todos los matices organolépticos que nos aportan. También gracias, entre otros, al movimiento #sherrylovers a través de redes sociales, los jóvenes están llegando con mayor facilidad a los vinos generosos, sobre todo a los jereces, y cada vez es más común comprobar cómo en Jerez se copea en sus bares con sus vinos.
Otro punto positivo es que se están empezando a apreciar los vinos en rama, algo que hace bien poco no atraía absolutamente a nada. Es más, los vinos cada vez tenían menos color, menos olor y por supuesto menos sabor, adaptándose a esas ‘dichosas’ manías del mercado que quiere consumir vinos de jerez, sin que lo parezcan. Claro está, en esas particularidades también entraba el precio. Por lo que es bastante fácil encontrar generosos secos como manzanillas, finos, amontillados, olorosos, y algún que otro palo cortado por menos de diez euros. Aunque también sus matices organolépticos, en ocasiones, se quedan muy muy cortos. Por lo que, los vinos en rama, nos vuelven a introducir en la esencia de esos vinos con todos sus matices, que nos aportan todas las propiedades desde las botas a la botella.

Y otra cuestión nos atañe a todos. A todos los que amamos este mundo de los vinos generosos andaluces. Tenemos que ser, cada uno de nosotros, abanderados del vino de nuestra tierra. Los de Jerez de nuestros finos, olorosos, palo cortados y amontillados y darlos a conocer. De la misma forma Huelva con sus vinos generosos elaborados con zalema o palomino, como los de Sevilla con su garrido fino o los de Montilla Moriles con su pedro ximénez. Darle valor, ser los primeros que pedimos en un bar, en un restaurante, con la familia y con amigos un vino de nuestra tierra. Que pongamos en su sitio a ese vino y apreciemos que lo que estamos consumiendo en ese momento es una verdadera joya, fruto del trabajo de muchísimos años. Y aceptando lo que cuesta.

Profesionales del sector apuestan por esta puesta en valor de los generosos andaluces. El enocomunicador Fran León asegura que “son muy baratos y valoramos el precio de lo que tenemos”. David Manso, que los precios de los vinos del sur “son en ocasiones más bajos de lo que debería teniendo en cuenta la complejidad en su elaboración y su resultado final. También no todo el mundo valora por igual los generosos, ya que de Despeñaperros para arriba les cuesta introducirse en los generosos”.

Los vinos están amparados por una zona geográfica a la cual pertenecen por una serie de características comunes. Pueden pertenecer a una Indicación Geográfica Protegida o bien a Denominación de Origen. ¿En qué se diferencian?.

La Indicación Geográfica Protegida (IGP) ampara a aquellos vinos que poseen una calidad, reputación u otras características atribuibles a su origen geográfico. Al menos el 85% de las uvas proceden exclusivamente de su origen geográfico. En este origen tiene lugar su elaboración.  Por su parte, las Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) amparan a una región, comarca, localidad o lugar con vinos con las mismas características cuya calidad son esencialmente o exclusivamente debidas a su origen geográfico, con sus factores humanos y cultura inherentes. El 100% de las uvas deben proceder de su origen geográfico. Estas Denominaciones de Origen están gestionadas por un Consejo Regulador que se encarga legalmente de velar por el cumplimiento del reglamento de las propias DOP.

Las IGP pueden etiquetarse como Vinos de la Tierra, seguido del lugar al que pertenezcan, por ejemplo: Vinos de la Tierra de Cádiz.

Dentro de las Denominaciones de Origen Protegidas podemos diferenciar los siguientes etiquetados: Denominación de Origen Calificada, Denominación de Origen, Vinos de Pago y Vinos de Calidad.

Los Vinos de Calidad (VC) deberán estar acogidos a una DOP.

Un vino pertenecerá a una Denominación de Origen (DO) cuando se cumplan los siguientes requisitos:

  • El vino tendrá un elevado prestigio comercial en atención a su origen.
  • La región, comarca o lugar a la que se refiera la denominación de origen, tendrán que haber sido reconocidos previamente como ámbito geográfico de un vino de calidad con indicación geográfica con una antelación de, al menos, cinco años.
  • La delimitación geográfica de la DOP deberá incluir exclusivamente terrenos de especial aptitud para el cultivo de la vid.

Los vinos de una Denominación de Origen Calificada (DOCa) deben estar acogidos a una DOP y cumplir los siguientes requisitos:

  • La DOP en cuestión deberá haber utilizado obligatoriamente en sus vinos el término tradicional «denominación de origen» durante, al menos, 10 años.
  • Los vinos deberán comercializarse exclusivamente embotellados desde bodegas inscritas en el órgano de gestión de la DOP y ubicadas en su zona geográfica delimitada.
  • Los exámenes analíticos y organolépticos, incluidos en la comprobación anual sobre la DOP, deberán realizarse de forma sistemática, por lotes homogéneos de volumen limitado.
  • Las bodegas inscritas en el órgano de gestión de la DOP, que habrán de ser independientes y separadas, al menos, por una vía pública de otras bodegas o locales no inscritos, solamente deberán tener entrada de uva procedente de viñedos inscritos o mostos o vinos procedentes de otras bodegas también inscritas en la misma DOP, y en ellas se deberá elaborar o embotellar exclusivamente vino con derecho a la misma.
  • Dentro de la zona de producción de la DOP, deberán estar delimitados cartográficamente, por cada término municipal, los terrenos que se consideren aptos para producir vinos con derecho a la denominación de origen calificada.

Los Vinos de Pago (VP) deberán estar acogidos a una DOP y cumplir las siguientes normas:

  • Pertenecer a un Pago (zona de viñas con las mismas características) en concreto, de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares y cuya extensión máxima será limitada reglamentariamente por la Administración competente, de acuerdo con las características propias de cada Comunidad Autónoma, sin que pueda ser igual ni superior a la de ninguno de los términos municipales en cuyo territorio o territorios, si fueren más de uno, se ubique.
  • Los vinos deberán ser elaborados y embotellados por las personas físicas o jurídicas que, por sí mismas o por sus socios, ostenten la titularidad de los viñedos ubicados en el pago o con carácter excepcional y en los supuestos que la Administración competente lo autorice reglamentariamente, en bodegas situadas en la proximidad del pago que, en todo caso, deberán estar situadas en alguno de los términos municipales por los cuales se extienda el vino de pago o en los colindantes.
  • Toda la uva deberá pertenecer al propio pago y elaborarse de forma separada al resto de vinos. En la elaboración de los vinos de pago se implantará un sistema de calidad integral, que se aplicará desde la producción de la uva hasta la puesta en el mercado de los vinos. Este sistema deberá cumplir, como mínimo, los requisitos establecidos para las Denominaciones de Origen Calificadas.

Actualmente en España existen 42 Indicaciones Geográficas Protegidas (IGPs) y 95 Denominaciones de Origen Protegidas (DOPs) de las cuales tan solo dos, Rioja y Priorat, son Denominaciones de Origen Calificadas.

La Denominación de Origen más antigua de España es la de Jerez-Xérès-Sherry datando del año 1935. Le sigue Málaga de 1937, Montilla-Moriles de 1945, Rioja de 1947, Tarragona también de 1947 y Priorat de 1954.

Una curiosidad respecto a las Denominaciones de Origen viene de la mano de la DOP Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Y es que en el año 1933 cuando se crea el Estatuto del Vino en España, el vino ‘manzanilla de Sanlúcar’ es incluido dentro de la DOP Jerez-Xérès-Sherry, amparado por su Consejo Regulador datado como acabamos de mencionar, en el año 1935. En 1964 se crea el primer reglamento o Pliego de Condiciones que reconoce a la Manzanilla de Sanlúcar como DO propia, aunque continua siendo amparada por el Consejo Regulador que rige su vino desde el año 1935.

En Andalucía existen 16 Indicaciones Geográficas Protegidas (IGPs): Altiplano de Sierra Nevada, Bailén, Cádiz, Córdoba, Cumbres de Guadalfeo, Desierto de Almería, Laderas del Genil, Laujar – Alpujarra, Los Palacios, Norte de Almería, Ribera del Andarax, Sierra Norte de Sevilla, Sierra Sur de Jaén, Sierras de las Estancias y los Filabres, Torreperogil y Villaviciosa de Córdoba.

Por su parte existen 8 Denominaciones de Origen Protegidas (DOPs), entre las que se encuentran una y la más reciente de Vinos de Calidad (VC): Lebrija, y siete Denominaciones de Origen: Condado de Huelva, Granada, Jerez – Xérèz – Sherry, Málaga, Manzanilla de Sanlúcar, Montilla-Moriles y Sierra de Málaga.

A continuación, pinchando en el siguiente enlace puede comprobar la lista de IGPs y DOPs facilitada por el Ministerio y actualizada a 7/08/2019:

Indicaciones Geográficas Protegidas y Denominaciones de Origen Protegidas de los vinos y en España