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El pasado miércoles pude asistir en Sevilla a la cata organizada por el Grupo Don Raimundo denominada ‘Jerez a la sombra de Giralda’, en la que la bodega lebrijana Halcón presentó tres de sus vinos generosos. En el marco de la Sherry Week, bodegas Halcón anunció que en breve sus vinos generosos formarán parte de la D.O. Jerez, siendo la primera bodega sevillana en convertirse en zona de producción sherry.

Vistas desde la azotea de Don Raimundo.

El marco que ofreció el Grupo Don Raimundo fue incomparable. Y es que por si fuera poco estar en pleno corazón de Sevilla, en la misma cuesta del bacalao (Argote de Molina, 26) y tener tres locales con muchísima solera en esta ubicación (Bar Cuesta del Bacalao, Hotel Convento La Gloria y Mesón Don Raimundo) en las próximas semanas dará apertura a un restaurante en la azotea del citado hotel, con unas vistas envidiables y con un marco con vistas a la Catedral, Giralda y a todo el centro de Sevilla incomparable. En dicho espacio único y con unas vistas sencillamente espectaculares pudimos disfrutar de la cata.

Antes, para llegar a la zona más alta del edificio, pudimos conocer los entresijos del edificio, que albergan los tres negocios previamente citados. El Bar Cuesta del Bacalao tiene una carta tradicional de tapas – aunque no tiene ensaladilla – y lo mejor es que tiene una extensa carta de vinos tranquilos dándole gran importancia a los vinos andaluces. Asimismo, posee el Mesón Don Raimundo, pensado para sevillanos (el que se crea que es para guiris no sabe lo que se pierde) donde tienen que probar el pimiento relleno a lo mozárabe o la torta de berenjena rebozadas fritas con mermelada natural de naranja sevillana. Su carta, para comer de tapas o mesa y mantel, es una auténtica exquisitez, a un precio muy razonable. Repito, nada de precio guiri. Finalmente, y por el que se accede a la zona superior, nos encontramos Hotel Convento La Gloria. Un ‘museo’ con muchísima solera por su exquisita pinacoteca, y su gusto decorativo tanto en paredes y en techo, que conserva la más pura esencia de los siglos que nos precedieron. Sin lugar a dudas, una muy buena carta de presentación para un hotel con una ubicación tan céntrica.


El evento, a la que asistimos unas 20 personas, comenzó con la bienvenida de Carlos. M. Montero, brand ambassador de Grupo Don Raimundo y con Ágata Díez, representante de la bodega quién aportó algunos datos de interés. Tales como que la bodega comienza en el año 1711 bajo el nombre Bodegas del Marqués de San Gil y que tiene su sede en una Casa Palacio en Lebrija con 5000 metros cuadrados.  La cata estuvo dirigida por el formador homologado José Manuel Massé, de Delicious Gourmet y colaborador a su vez de la bodega lebrijana. Catamos tres generosos de Lebrija. Fino, amontillado y oloroso. Comenzamos por la crianza biológica. El fino tiene como nombre, El Marqués. Apúntense el nombre de este vino. Un fino, que según Massé tiene 5 años, aunque me atrevería a decir que parece que tiene alguno más. Elaborado con palomino fino, es un fino dorado, potente en nariz donde destacan los aromas a levaduras y a masa de pan. En boca hay claros recuerdos a almendra y frutos secos verdes. Tiene una pronunciada acidez y salinidad, y es ciertamente amplio para ser un fino. Tiene un retrogusto amargo muy sabroso. Cabe destacar la amplia lágrima que tiene, para ser un vino de crianza biológica. Un muy buen fino a tener en cuenta. Fue una sorpresa realmente agradable. Ideal para cualquier tipo de plato. Incluso me atrevería a disfrutarlo con algún postre de almendra, como el turrón que probaremos en próximas fechas.

La cata prosiguió con el amontillado ‘Bigotillo’. Un fantástico amontillado de unos 15 años de crianza, donde aúna prácticamente el mismo tiempo en biológica como en oxidativa. Tiene una tonalidad ámbar y una lágrima marcada, fruto de su vejez. En nariz hay claros recuerdos a la crianza biológica pero sus aromas ya son de frutos secos tostados, e incluso algún ligero olor a caramelo. Comienza su paso por boca con un toque de acidez pero a medida que va recorriendo el paladar se va a haciendo amplio y persistente. Un gran vino, otra alegre sorpresa de esta bodega lebrijana. Habrá que tener siempre presente una copa de Bigotillo. Para disfrutar de unos espárragos en este tiempo, o de algunas verduras o pescados tiene que estar francamente bien.

Finalmente, finalizamos con el oloroso Zamarrita. Un generoso de Lebrija de unos 8 años según Massé. En nariz lo primero que percibí fue aromas a pegamentos, barnices y laca, aunque es más bien corto en nariz. En boca es largo, aunque no mucho más que el amontillado Bigotillo. Sí es verdad que tiene un paso por boca aterciopelado, con toques tostados, lo que lo hace un vino redondo. Es ciertamente seco.

En definitiva, una buena cata en el marco de la Sherry Week, para descubrir vinos sorprendentes como fino El Marqués o amontillado Bigotillo. Asimismo, disfrutando de un marco inmejorable gracias al Grupo Don Raimundo, al que le auguro grandes éxitos cuando abran el restaurante con vistas a la Giralda. Seguro que será todo un éxito.

Es indudable reconocer la calidad de los jereces, no solo por su tierra y por su uva predominante, la permeable Palomino Fino, o las aceptadas en el marco PX y Moscatel, sino por la vejez que atesoran gran parte de las soleras que bañan de botas las bodegas de la Denominación de Origen Jerez y la D.O. Manzanilla de Sanlúcar. Una crianza, en más ocasiones de las que nos gustaría, desprestigiada por su relación vejez/precio.

Comenzaré recordando que los vinos de Jerez, según su Pliego de Condiciones, pueden ser comercializados como tal en cuestión de edad, si alcanzan al menos un par de años de crianza ya sea en Solera y Criaderas (biológica u oxidativa) o bien en el poco utilizado en Jerez, sistema estático de Añadas. A partir de aquí y hasta principio del s. XXI, los vinos de Jerez han sido etiquetados según su edad aproximada, etiquetándose los vinos de un gran número de años de crianza con las etiquetas de: muy viejo, very old sherry, Viejísimo, etc.

A partir de los 80 del pasado siglo XX, el mercado empieza a interesarse y darle importancia a los vinos antiguos del Marco de Jerez y demás zonas vitivinícolas andaluzas. Este progreso del interés por los vinos viejos, alertó al Consejo Regulador de la DOP Jerez que se vio en la necesidad de crear controles a las edades de sus vinos. Esto repercutirá finalmente en el consumidor, ya que supone una garantía a la hora de consumir vinos de edades acreditadas y a su vez mantendría el prestigio de los mismos y sus bodegas.

De esta manera, en el año 2000 se pusieron en marcha las normas de los vinos viejos VOS y VORS y apenas tres años más tarde, fue incluida la certificación de los Vinos con Indicación de Edad de 12 y 15 años. Así, la vejez y el prestigio del Sherry estaba garantizado.

Los Vinos con Indicación de Edad de 12 años son sherry de muy alta calidad y una vejez promedio de 12 años. Estos vinos son calificados por un Comité de Cata que está compuesto por expertos independientes que analizan el vino para corroborar su vejez. De la misma forma ocurre con los Vinos con Indicación de Edad 15 años, cuya vejez media alcanza los quince años y son sherry certificados por Consejo Regulador como de muy alta calidad.

Algunos vinos destacados de este tipo son: Amontillado Del Príncipe de Real Tesoro, Palo Cortado Leonor de González Byass, o el Amontillado Bertola de Díez Mérito.

Para los vinos con vejez superior a los 20 y 30 años, existe una precinta especial, más concreta y con mayor número de pasos para certificar la edad de los mismos. Son los conocidos VOS y VORS. Esta nomenclaturas tan solo se utilizan para los vinos de Jerez.

Los Vinum Optimum Signatum en latín (tal y como viene contemplado en el Pliego de Condiciones de la DOP Jerez)  o Very Old Sherry en inglés (VOS) son vinos de gran calidad y con una vejez mínima de 20 años.

Los Vinum Optimum Rare Signatum en latín (del Pliego de Condiciones de la DOP Jerez) o Very Old Rare Sherry en inglés (VORS) son vinos de excepcional calidad y con una vejez mínima de 30 años.

La certificación de edad de estos vinos debe tener tres pasos esenciales para lograr fundamentar su vejez:

  • En primer lugar se analizan las muestras aportadas por la Bodega en un laboratorio, donde se realiza la prueba del Carbono 14. (El CRDO de Jerez es el único que la Junta de Andalucía avala para la realización de esta prueba como método para verificar la vejez de estos grandes vinos).
  • En segundo lugar, las sacas de los vinos VOS y VORS han de ser mucho más alargadas en el tiempo, con respecto al resto de los vinos comerciales. Esto quiere decir que los rocíos y sacas deben ser mucho menores, por lo que la inmovilización del vino será mayor al del resto de vinos.
  • Y tercero y no menos importante, tendrá lugar un análisis organoléptico, es decir, una cata por un comité de seis expertos independientes que confirmarán o no, las pruebas realizadas anteriormente. Estas catas se realizan en alrededor de cuatro sesiones anuales, a ciegas, con dos muestras de cada vino.

Estos pasos esenciales para la certificación de los vinos VOS y VORS no son sencillos, de hecho, uno de cada cinco vinos es desestimado para obtener la precinta. En este caso, también existe un Comité de Apelación aunque rara vez contradice lo ya decidido por el Comité de Cata.

Debido a su vejez, estos sherry tendrá una concentración elevada que repercutirá en una gran sequedad y estructura en boca que prolongue su aroma y sabor con tan solo un sorbo. Son vinos complejos, de lágrima amplia y muy horizontales que inundan la boca y potencian cualquier tipo de plato, principalmente los de carne o pescado. En algunas ocasiones, la concentración de estos vinos llega hasta el punto de aportarles un toque abocado, muy agradable a la hora de consumirlo.

De entre todos los fantásticos vinos VOS y VORS que podemos encontrar en el mercado, mi selección sería la siguiente: Amontillado Fino Imperial VORS de Díez Mérito, Palo Cortado VORS de Bodegas Tradición, Oloroso Don Gonzalo VOS de Valdespino, Moscatel Toneles VORS de Valdespino, Amontillado Jalifa VORS de William Humbert o el Amontillado Quo Vadis? VORS de Delgado Zuleta.

Indudablemente, aunque la certificación de la edad, sobre todo en vinos con alargada vejez, aporta la seguridad de consumir excelentes vinos, hay muchos no certificados de gran calidad. Entre ellos podemos encontrar: Oloroso Solera BC200 de Osborne, Palo Cortado Viejo CP de Valdespino, Amontillado 1730 de Álvaro Domecq, Oloroso Singular, o toda la gama Antique de Rey Fernando de Castilla, la gama Old Plus de Sánchez Romate, Palo Cortado URIUM o el Amontillado Cuatro Palmas de González Byass.

Aunque también hay vinos generosos andaluces, de otras Denominaciones de Origen, que por su calidad y vejez merece la pena hacer mención, como la siguiente selección de la DO Montilla Moriles: el Amontillado Abuelo de Bodegas Luque, Pedro Ximénez Convento Selección de Toro Albalá, el PX Solera 1905 de Pérez Barquero o el Amontillado Solera Fundación de Alvear.

Lógicamente, la mayoría de estos vinos serán criados aunando la crianza biológica y oxidativa como Palo Cortado y Amontillado o bien en una larga crianza oxidativa, debido al número de años de las indicaciones de edad, así como de los VOS y VORS. Aun así, me gustaría hacer una excepción en este caso para destacar dos Finos que destacan entre otras características por su vejez y gran calidad. Por un lado el Fino Inocente de Valdespino, con diez años de crianza, apurando el velo de flor en la DO Jerez y por otro lado, el Fino Cebolla de Bodegas El Monte, de la DO Montilla Moriles con 15 años de crianza.

En el Marco de Jerez hay dos vinos muy parecido. El Fino y la Manzanilla de Sanlúcar. Y es que los dos sherry de crianza biológica tan solo les separan apenas 30 km. Los que hay de Jerez de la Frontera o el Puerto de Santa María a Sanlúcar de Barrameda, y viceversa. Ambos comparten la uva, el tipo de crianza, el sistema de crianza e incluso prácticamente el maridaje. Pero hay rasgos que lo diferencian, no tanto visualmente (ya que son prácticamente idénticos) pero si en nariz y en el paladar. Pero antes de conocer sus diferencias veamos sus similitudes. Los Finos y las Manzanillas provienen al 100% de la uva Palomino Fino, la uva por antonomasia plantada en toda la Campiña de la Denominación de Origen. Esta uva nace principalmente en tierra albariza, que como saben es una tierra calcárea y caliza con gran contenido mineral y capaz de retener muy bien el poco agua que cae en los meses de lluvia en esta zona del oeste de Andalucía.

La crianza biológica del Fino y la Manzanilla también es la misma. Cuando el mosto de primera yema, que se obtiene de la propia presión de la uva amontonada siendo este el de mayor calidad, es fermentado y encabezado a 15 grados de alcohol vínico, reposa sobre la criadera más joven de la bota, ocupando ¾ partes de la misma. Dejando ¼ para que el vino pueda respirar. Y así, es como se forma en el propio vino una serie de levaduras blancas que conforman toda la superficie del mismo denominándose ‘velo de flor’. Este velo conseguirá que tanto los Finos como las Manzanillas de Sanlúcar sean de una tonalidad pálida, ya que el velo actúa como capa que impide que el vino entre en contacto con el aire y se oxide. Para ponerles un ejemplo es como la piel de la manzana, se le quitamos la piel a una manzana en poco tiempo se oxidará. Las levaduras del velo a su vez, se alimentarán de los azúcares residuales del vino, dejando con el paso de los años una marcada acidez. Y también, el velo de flor logra que el vino se evapore más lentamente.

Tanto Fino como Manzanilla son criados con el sistema dinámico de soleras y criaderas, donde el vino va pasando mediante ‘rocíos’ por todas las criaderas (desde la más joven) hasta la solera. Una vez ahí, se realiza la saca del vino que irá a los procesos de filtrado, clarificación, frío y estabilización – los vinos en rama tan solo pasan por un pequeño filtrado o colado para eliminar posibles impurezas del vino en la bota – y seguidamente a botella.

Bodega Delgado Zuleta.

Entonces, ¿qué les diferencia?. Principalmente, Sanlúcar de Barrameda. El microclima existente en esta zona de la costa noroeste gaditana logra que los vientos impregnen al terruño sanluqueño y a las propias botas de Manzanilla una serie de características singulares que lo diferencian del Fino. Y tan solo sucede en Sanlúcar de Barrameda ya que una de las ciudades más reconocidas por su Fino es El Puerto de Santa María, ciudad costera y marinera como lo es Sanlúcar.  Por lo tanto, la Manzanilla de Sanlúcar ya se diferencia del Fino porque se cría en un microclima donde la humedad y los vientos son muy importantes. De hecho, la vendimia en Sanlúcar de Barrameda se realiza unas dos o tres semanas más tarde del comienzo de la campiña jerezana. Además el velo de flor, debido a la humedad, en Sanlúcar de Barrameda se mantiene muchísimo mejor que en Jerez, donde sufre durante los meses de verano por el calor.

El microclima sanluqueño marca las diferencias entre la Manzanilla de Sanlúcar y el Fino.

Además en Sanlúcar las bodegas están abiertas al paso de estos vientos de levante que impregnan de autenticidad a la Manzanilla de Sanlúcar.  La cercanía de sus viñas con la costa atlántica también es un elemento fundamental a la hora de la mimada elaboración de la Manzanilla.

El resultado a la vista es prácticamente el mismo. Un vino pálido que depende de su número de años de crianza y de su saca si es en rama o no, tendrá mayor o menor brillantez o será más o menos turbio. Aunque es cierto que en ocasiones, es complicado diferenciar entre Finos y Manzanillas debido a su gran parecido les separan algunos matices. En nariz, la Manzanilla de Sanlúcar ofrece tonos florales, y a cáscara de cítricos. En boca, tiene una acidez muy  marcada, como también saboreamos en el Fino, seco, pero tiene una salinidad muy destacada sobre todo en el paladar. Es propio, que casi sin darnos cuenta, salivemos mucho cuando estamos disfrutando de una buena Manzanilla de Sanlúcar. En cambio el Fino en nariz tiene más aromas tostados y a frutos secos, como pueden ser las castañas o las almendras. Y en boca, aun teniendo la persistencia de la acidez en boca y corresponder a un vino muy vertical, su paso es ciertamente más amargo, con un paso mineral y bastante seco.

Bodega Sánchez Romate.

Mi recomendación para vinos Fino son: Inocente de Valdespino, Tío Pepe de González Byass (si pueden, disfrútenlo en rama), Harveys Fino de Fundador, Fino Quinta de Osborne, Fino de Sánchez Romate, la botella de Fino de Lorente y Barba o el Fino Tío Mateo.

Para las Manzanillas de Sanlúcar mi recomendaciones son: La Goya de Delgado Zuleta, La Kika de Bodegas Yuste, La Guita (puede probar su versión en Rama), de Hijas de Rainera Pérez Marín, Sacristía AB de Antonio Barbadillo (es una manzanilla en Rama), o Solear de Barbadillo (tiene su versión en Rama). Al igual que en los Finos, hay Manzanillas de grandísima calidad.

Su maridaje es común sobre todo en aperitivos y para disfrutar de tanto Fino o Manzanilla como vino de mesa, especialmente con arroces o pescados. Concretamente, recomiendo maridar el Fino con un buen jamón ibérico y a la Manzanilla como un rico langostino de Sanlúcar.