Hace unas semanas un grupo de 10 #sherrylovers denominados para la ocasión #LosDiezenDíezMérito vivimos una verdadera experiencia enológica en la Bodega jerezana Díez Mérito. Una bodega histórica que nace en 1876 y que desde marzo de 2016 es dirigida por la familia Espinosa siendo Salvador Espinosa su Director General. Precisamente es Salvador Espinosa, una persona afable y sonriente quien nos recibe en el patio interior de la Bodega El Cuadro – una de los dos cascos de bodega de Díez Mérito – junto al enólogo de la compañía, Miguel Flores. Miguel es un joven enamorado de los vinos y con una gran sapiencia que fuimos comprobando con el paso de las horas entre botas.

Salvador Espinosa nos dio la bienvenida y nos dejó en manos de Miguel Flores quien venencia en mano y contándonos la historia de cada vino como si de un hijo se tratase fue llevándonos de bota en bota para ir disfrutando del alma de cada vino de Díez Mérito. Con la pasión de quien ha nacido por y para los vinos de Jerez. Comenzamos probando dos de las criaderas de Pemartín. La primera bota, cercana a la sobretablas, daba varios recuerdos al mosto. Un vino suave sin mucha complejidad. Apenas podría llevar un año en bota el vino nuevo. La segunda criadera de Pemartín, ya más cercana a la solera nos daba un vino con mucho más cuerpo, pero con cierto carácter afrutado y joven.

Mientras apreciábamos el sabor del vino que estábamos probando y el aroma que dejaba en la copa podíamos apreciar el olor del roble americano junto al del vino de las botas y la humedad del ambiente – no solo del tiempo que abrió nublado e incluso chispeó a lo largo del día. Ese ambiente bodeguero de los años de crianza de los vinos de Jerez, que fuimos recorriendo entre las botas negras de Díez Mérito. Poco después, Miguel nos sirvió en cada uno de nuestros catavinos y con la maestría de un capataz de bodega con la venencia, la solera del Fino Bertola. Un gran vino, con una tonalidad amarillo pajizo pero turbio con restos de flor en la copa. Un verdadero espectáculo y un disfrute para todos los sentidos. La curiosidad nos hizo preguntarle a Miguel Flores cuántos años podría tener esa solera. Él nos respondió que es muy ambiguo hablar de los años de los vinos de Jerez cuando aún es verdad que puede contener vino de muchos años pero que se está anualmente refrescando. La grandeza del sistema de solera y criaderas hace de los vinos generosos un sinfín de matices con tan solo refrescar con menos frecuencia o realizar sacas más puntuales.

«Veo como la bodega actualmente es tan “sólida” y compacta a pesar de estar formadas por tantas pequeñas partes, hecha casi a base de “retales”, marcas de distintas procedencias, orígenes de distintas familias….con la llegada de Salvador Espinosa y su familia han conseguido recuperar un gran ”nombre” como es Díez Mérito como buque insignia de la bodega».

José Carlos Gandolfo. Sherrylover.

Llegados a este punto, Salvador y Miguel nos llevaron a una andana de botas, en una de las crujías principales de uno de los cascos de la Bodega El Cuadro. Era una andana de las botas llamadas antiguamente del gasto. De un fino realmente espectacular. La tonalidad del oro viejo y los aromas tostados y potentes ya hacen presagiar qué nos encontraríamos en boca cuando lo probáramos. Y así fue. Realmente sin palabras. Un vino – que si nos atreviésemos a ponerle una edad – estaría por los 15 ó 20 años de media. Un fino realmente espectacular. Para desazón del lector, no lo embotellan – todavía. Habrá que estar atentos para ver si Díez Mérito nos sorprende con su lanzamiento aun – si fuera de edición limitada y en rama. Sería una de esas revoluciones del fino de las que ahora tanto se habla. De un fino de los de siempre que hay que disfrutar y que hay que conservar al menos como lo tiene Díez Mérito.

Embriagados por el placer de aquel fino y antes de cruzar de acera y caminar unos metros para alcanzar a la otra bodega de Díez Mérito, llamada de Bertemati, disfrutamos en otro casco de la Bodega El Cuadro de un magnífico oloroso. De esos que disfrutamos en Jerez para abrir el apetito. Allí me alegró ver un antiguo crucifijo custodiando las botas de aquel jerez viejo que nos estaba deteniendo en el tiempo.

«El enólogo Miguel Flores lo podría denominar como el hacedor de sueños. Le puso un toque muy personal y muy poético para mi gusto».

Pepe M. Osborne. Sherrylover.

En menos de cinco minutos nos encontrábamos ante la majestuosa Bodega de Bertemati. Un edificio maravilloso de finales del siglo XVIII y donde Díez Mérito guarda sus mayores joyas. En esta Bodega todos los vinos acaban siendo de crianza oxidativa. Y digo que terminan porque también están las botas que corresponden a las últimas criaderas del emblemático Fino Imperial. El Fino Imperial es uno de los amontillados más reconocidos y apreciados de Jerez. Un verdadero vino de pañuelo que tuvimos el honor de disfrutar en su quinta y segunda criadera y de su solera. La quinta criadera de Fino Imperial me trajo recuerdos a aquel vino fino que no embotella la firma jerezana y que estaba tan solo en aquella andana de botas de la crujía de uno de los cascos de la Bodega El Cuadro. Aquella 5ª criadera fue toda una sensación. Un vino fino en el límite entre el fino y el amontillado. Pero aún fino. Con aquel oro viejo que mancha la copa por su ya dilatada madurez. Un fino lleno de potencia y sabor que va preparándose poco a poco para perder su velo de flor y comenzar a convertirse en amontillado. Y es lo que ocurrió cuando en la copa pudimos disfrutar de la segunda criadera de Fino Imperial. Un amontillado ya con tonalidad ámbar pero aún con grandes recuerdos a su crianza biológica. Tengo que reconocer que – por suerte – tras haber conocido los cambios en las criaderas de Fino Imperial, este emblema es único y extraordinario de principio a fin. Desde su última criadera hasta su solera. Porque su solera se le puede denominar el no va más.

Pero antes de disfrutar de la solera, Salvador Espinosa y Miguel Flores nos llevaron al casco más espectacular de la Bodega de Bertemati. Donde en alguna ocasión he podido disfrutar del Pregón Taurino de Jerez y donde más de uno de los que lee este artículo habrá asistido a la celebración de alguna boda. La impresionante sacristía de Díez Mérito. Donde duermen su brandy con más de 100 años. Todo un lujo el que pudimos contemplar antes de entregarnos definitivamente con la solera de Fino Imperial. Incluso para disfrutar de tal manjar, cambiamos los catavinos tradicionales por catavinos alto. Dicho sea de paso, soy muy partidario de utilizar siempre este tipo de catavino alto para beber cualquier generoso. La posibilidad de utilizar el olfato a la par que se saborea amplía sobremanera la experiencia organoléptica. Es cuestión de acostumbrarse.

«Nos sumergimos en el velo histórico de un vino centenario y con ello nos deleitamos de sus olores, de sus aromas y de sus anécdotas, endulzadas por la pasión de su joven, pero experto enólogo Miguel»

Antonio Rivero. Sherrylover y periodista.

Fue emocionante ver a Miguel Flores venenciar con tanta elegancia aquel vino que tan solo disfrutan de la bota algunos privilegiados como nosotros. Fino Imperial cumple con todas esas expectativas que genera. Una amplia nariz y un disfrute sin igual en boca. Un VORS que convencido estoy marida absolutamente con todo. Pero es un vino de disfrute. Para beberlo lentamente. Y detenerse en los miles de matices que te puede transmitir. Esto no es poesía. Ni demagogia. Les invito a que lo prueben. Sabrán que no les hablo con palabrería. Es un vino de gran categoría. Un vino que pudimos maridar – por gentileza de Díez Mérito – con unos embutidos ibéricos y con un buen queso. Mientras Miguel nos contaba las 220 hectáreas de viñedo que posee la compañía, repartidas en tres viñas El Diablo, El Caribe y las Mezquitillas. Dicho sea de paso, unos viñedos ubicados en zona de Jerez superior con una albariza de gran calidad que aporta ese carácter a sus vinos.

«Fue una jornada para descubrir esas joyas y tesoros que Jerez, su historia y su gente – como Salvador y Miguel – saben cuidar y mimar»

Pedro Contreras. Sherrylover y Maitre de Restaurante Río Grande (Sevilla):

El broche de oro fue el regalo que nos hizo Miguel Flores al final de la visita pudiendo disfrutar también de la bota del Oloroso Victoria Regina. Un magnífico oloroso con cierto toque abocado, seguramente también fruto de su vejez. Un maravilloso vino con el que cerramos una visita cargada de emociones, sensaciones y experiencias.

«Destaco el esfuerzo de la familia Espinosa por recuperar espacios, botas y vinos que se estaban perdiendo. Pero especialmente me encantó la 5ª criadera de Fino Imperial. Uno de los mejores y más equilibrados VORS que he probado. Potente y sutil al mismo tiempo. Una joya».

Israel Santamaría. Sherrylover. Etiquetero

Si tienen oportunidad de visitar Díez Mérito no dejen de hacerlo. En la medida que puedan acercarse a este rinconcito de Andalucía. Ni las mascarillas pueden con el intenso aroma a jerez que se respira entre sus botas. Merece la pena por sus marcos incomparables. Por su botas centenarias y por sus vinos. Y disfruten de su magnífico despacho de vinos – situado en la Bodega El Cuadro – que además abre todos los días del año de 9:00 h a 15:00 h., salvo los domingos. Cualquiera, incluso festivos que no caigan en domingo. Disponen de toda la gama de vinos de Jerez entre los que están especialmente buenos el amontillado, el palo cortado y el oloroso viejo. Asimismo ahí pueden encontrar vinos a granel y todas las gamas de botellas de Díez Mérito. Prueben los vinos de esta Bodega que con mucho mimo y cariño la familia Espinosa está devolviendo a su máximo esplendor.

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