El pasado miércoles pude asistir en Sevilla a la cata organizada por el Grupo Don Raimundo denominada ‘Jerez a la sombra de Giralda’, en la que la bodega lebrijana Halcón presentó tres de sus vinos generosos. En el marco de la Sherry Week, bodegas Halcón anunció que en breve sus vinos generosos formarán parte de la D.O. Jerez, siendo la primera bodega sevillana en convertirse en zona de producción sherry.

Vistas desde la azotea de Don Raimundo.

El marco que ofreció el Grupo Don Raimundo fue incomparable. Y es que por si fuera poco estar en pleno corazón de Sevilla, en la misma cuesta del bacalao (Argote de Molina, 26) y tener tres locales con muchísima solera en esta ubicación (Bar Cuesta del Bacalao, Hotel Convento La Gloria y Mesón Don Raimundo) en las próximas semanas dará apertura a un restaurante en la azotea del citado hotel, con unas vistas envidiables y con un marco con vistas a la Catedral, Giralda y a todo el centro de Sevilla incomparable. En dicho espacio único y con unas vistas sencillamente espectaculares pudimos disfrutar de la cata.

Antes, para llegar a la zona más alta del edificio, pudimos conocer los entresijos del edificio, que albergan los tres negocios previamente citados. El Bar Cuesta del Bacalao tiene una carta tradicional de tapas – aunque no tiene ensaladilla – y lo mejor es que tiene una extensa carta de vinos tranquilos dándole gran importancia a los vinos andaluces. Asimismo, posee el Mesón Don Raimundo, pensado para sevillanos (el que se crea que es para guiris no sabe lo que se pierde) donde tienen que probar el pimiento relleno a lo mozárabe o la torta de berenjena rebozadas fritas con mermelada natural de naranja sevillana. Su carta, para comer de tapas o mesa y mantel, es una auténtica exquisitez, a un precio muy razonable. Repito, nada de precio guiri. Finalmente, y por el que se accede a la zona superior, nos encontramos Hotel Convento La Gloria. Un ‘museo’ con muchísima solera por su exquisita pinacoteca, y su gusto decorativo tanto en paredes y en techo, que conserva la más pura esencia de los siglos que nos precedieron. Sin lugar a dudas, una muy buena carta de presentación para un hotel con una ubicación tan céntrica.


El evento, a la que asistimos unas 20 personas, comenzó con la bienvenida de Carlos. M. Montero, brand ambassador de Grupo Don Raimundo y con Ágata Díez, representante de la bodega quién aportó algunos datos de interés. Tales como que la bodega comienza en el año 1711 bajo el nombre Bodegas del Marqués de San Gil y que tiene su sede en una Casa Palacio en Lebrija con 5000 metros cuadrados.  La cata estuvo dirigida por el formador homologado José Manuel Massé, de Delicious Gourmet y colaborador a su vez de la bodega lebrijana. Catamos tres generosos de Lebrija. Fino, amontillado y oloroso. Comenzamos por la crianza biológica. El fino tiene como nombre, El Marqués. Apúntense el nombre de este vino. Un fino, que según Massé tiene 5 años, aunque me atrevería a decir que parece que tiene alguno más. Elaborado con palomino fino, es un fino dorado, potente en nariz donde destacan los aromas a levaduras y a masa de pan. En boca hay claros recuerdos a almendra y frutos secos verdes. Tiene una pronunciada acidez y salinidad, y es ciertamente amplio para ser un fino. Tiene un retrogusto amargo muy sabroso. Cabe destacar la amplia lágrima que tiene, para ser un vino de crianza biológica. Un muy buen fino a tener en cuenta. Fue una sorpresa realmente agradable. Ideal para cualquier tipo de plato. Incluso me atrevería a disfrutarlo con algún postre de almendra, como el turrón que probaremos en próximas fechas.

La cata prosiguió con el amontillado ‘Bigotillo’. Un fantástico amontillado de unos 15 años de crianza, donde aúna prácticamente el mismo tiempo en biológica como en oxidativa. Tiene una tonalidad ámbar y una lágrima marcada, fruto de su vejez. En nariz hay claros recuerdos a la crianza biológica pero sus aromas ya son de frutos secos tostados, e incluso algún ligero olor a caramelo. Comienza su paso por boca con un toque de acidez pero a medida que va recorriendo el paladar se va a haciendo amplio y persistente. Un gran vino, otra alegre sorpresa de esta bodega lebrijana. Habrá que tener siempre presente una copa de Bigotillo. Para disfrutar de unos espárragos en este tiempo, o de algunas verduras o pescados tiene que estar francamente bien.

Finalmente, finalizamos con el oloroso Zamarrita. Un generoso de Lebrija de unos 8 años según Massé. En nariz lo primero que percibí fue aromas a pegamentos, barnices y laca, aunque es más bien corto en nariz. En boca es largo, aunque no mucho más que el amontillado Bigotillo. Sí es verdad que tiene un paso por boca aterciopelado, con toques tostados, lo que lo hace un vino redondo. Es ciertamente seco.

En definitiva, una buena cata en el marco de la Sherry Week, para descubrir vinos sorprendentes como fino El Marqués o amontillado Bigotillo. Asimismo, disfrutando de un marco inmejorable gracias al Grupo Don Raimundo, al que le auguro grandes éxitos cuando abran el restaurante con vistas a la Giralda. Seguro que será todo un éxito.

Vallobera Graciano un vino que rompe los esquemas de la variedad graciano tras su cultivo a más de 600 metros de altitud. La uva graciano siempre ha sido considerada una variedad difícil, por su carácter herbáceo y su elevada acidez, y que además requería de terrenos no muy elevados por su necesidad de suficientes horas de sol para su perfecta maduración. Todos esos escollos han debido vencer Javier San Pedro y su equipo técnico de Bodegas Vallobera, en Laguardia (Rioja Alavesa), para lanzar su Vallobera Graciano, disponible ya en el mercado, tras pasar 16 meses de crianza en barrica y otro año más redondeándose en botella.

El viñedo de donde proviene la uva, plantado sobre suelo ácido calcáreo, se ubica en una pequeña parcela de apenas 6,3 Has. con una antigüedad de 20 años, y ubicado a 600 metros de altitud, en las estribaciones de la Sierra de Cantabria, uno de los más elevados que se puedan encontrar para esta variedad en España. La idea de lanzar este monovarietal surge durante la campaña 2017 cuando con motivo de las heladas de finales de junio el rendimiento de esta parcela bajó drásticamente. Esta menor carga para la planta provoca una excepcional maduración con granos más pequeños pero de elevada concentración.

Vallobera Graciano.

Según reconoce el propio Javier San Pedro, propietario de la bodega, “en nuestra zona siempre se ha sido muy escéptico con el comportamiento de la graciano en altitudes elevadas, pero los efectos del cambio climático están propiciando mayor número de horas de sol y de calor, así como un régimen de lluvias inferior, y en esas condiciones -siempre que se mantengan rendimientos bajos, ya sea por causas naturales o pre-vendimiando- la graciano sorprende muy positivamente”.

La vinificación se inicia en depósitos de acero inoxidable, donde se produce una maceración pre-fermentativa entre 13 y 14 grados durante 3 días con remontados largos. Al cuarto día arranca la fermentación, que se extiende por un periodo de 2 semanas con temperaturas controladas entre 25 y 27 grados, para preservar la franqueza de los aromas primarios y potenciar la expresión varietal. Una vez terminada la fermentación alcohólica, pasa a barricas nuevas de roble francés con tostado plus, donde permanece durante 16 meses, realizando la fermentación maloláctica con sus lías finas, obteniendo así una mayor complejidad olfativa.

Vallobera Graciano, del que tan solo se elaboran 38.000 botellas numeradas, presenta un color rojo picota intenso. En nariz es potente aromáticamente, predominando los frutos del bosque maduros y apareciendo elegantes notas florales. En boca tiene una entrada potente, pero con un paso suave marcado por un tanino amable y sedoso, que proporciona una gran amplitud por vía retronasal.  

Según Javier San Pedro, “con este graciano nos alejamos de aquellas elaboraciones tradicionales en las que predominaba una estructura más rotunda, para buscar un vino fino, elegante y que se pueda disfrutar y compartir, con un perfil frutoso, carnoso, incluso sensual, y que tras degustar una primera copa el propio vino te invite a tomar otra”.      

Bodegas Vallobera nace en 1990, fundada por Javier San Pedro y Ana Ortega, en Laguardia, en plena Rioja Alavesa. Desde sus inicios se ha caracterizado por la búsqueda de la calidad en sus vinos y una firme apuesta por el viñedo, con una edad media por encima de los 30 años y ubicados entre los 500 y 650 metros sobre el nivel del mar, a la sombra de la Sierra de Cantabria.

Entre sus vinos más destacados sobresalen Vallobera Crianza, como la referencia que situó a la bodega en el mercado, su blanco Caudalia, de muy limitada producción, y los vinos de gama alta Terrán de Vallobera, del que tan solo se elaboran 4.500 botellas, y Colección Familiar, un vino que sale al mercado en contadas ocasiones, tan solo cuando supera un estricta cata.

En los últimos años, han lanzado al mercado dos elaboraciones que están contando con el favor del consumidor que se inicia en el apasionante mundo del vino: el blanco semidulce El Marido de mi Amiga y el rosado Yoana, el particular homenaje del fundador de la bodega a su hija.

Privilegio del Condado es la bodega de Vínicola del Condado. Esta es la mayor cooperativa vitivinícola de Andalucía con más de 500 viticultores y una de las más importantes en España. Con más de medio siglo de vida, la Bodega Privilegio del Condado presenta al mundo las joyas enológicas nacidas de una tierra fértil y llana de la D.O. Condado de Huelva. Situados en Bollullos par del Condado, pueden denominarse el mayor exponente del Condado de Huelva por su producción de vinos de calidad en Huelva y por dar a conocer al mundo las bondades del Condado. El pasado miércoles 30 de octubre tuvo lugar en Sevilla un encuentro entre periodistas y críticos especializados en gastronomía y vinos, organizado por la bodega Privilegio del Condado y donde conocimos, mejor, seis de sus grandes vinos onubenses, acompañados de su director comercial Víctor Morián, y de su brand ambassador, el enocomunicador Fran León.

El maridaje comenzó en ‘La Barra de Inchausti’, un restaurante más que recomendable en el número 10 de la calle Tomás de Ibarra, junto al Postigo. El producto con el que elaboran sus platos es de excelente calidad y eso queda reflejado en cada una de sus creaciones para hacer de sus comidas una verdadera experiencia culinaria.

El primero de los maridajes que pudimos disfrutar fueron unas ostras espectaculares con un potente sabor a mar, con el Vermouth Misterio. Este vermú de Privilegio del Condado es realmente interesante. Con base de condado viejo (con más de 30 años de crianza), de vino naranja y vino dulce, posee más de 60 botánicos en su aromatización. El resultado es un vermú con aroma a piel de naranja, y diferentes especias típicas de la zona del Condado y Doñana. En boca tiene una primera impresión dulce pero que pronto es difuminada por una sensación de amargor delicado muy agradable al paladar. El maridaje es más que interesante, ya que contrasta la salinidad, potencia y frescura de la ostra con el amargor del vermú Misterio. Todo un acierto.

En el segundo maridaje en ‘La Barra de Inchausti’ disfrutamos de un excepcional carpaccio de gamba roja con foie. La potencia de la gamba roja en toda su esencia, con el graso sabor del foie se acentuaba gracias a uno de los mejores vinos blancos del Condado de Huelva, Mioro Gran Selección. Un blanco que aúna tres de las variedades de la D.O.: zalema, listán de Huelva y moscatel de Alejandría. Un vino lleno de salinidad, muy mineral, con un equilibrio perfecto de acidez y una gran frescura. Un placer para todos los sentidos. Tienen que probar este exquisito manjar. Tal cual. El mismo carpaccio con Mioro Gran Selección. Se llevarán una muy agradable sorpresa.

La segunda parada en el camino tuvo lugar en pleno corazón del barrio de Santa Cruz de Sevilla. Concretamente en el número 18 de la calle Lope de Rueda, en el Rincón de Murillo. Un restaurante que nos ofreció diferentes platos con los que pudimos disfrutar varios vinos de la Bodega Privilegio del Condado. Comenzamos con un plato de queso, con un centro de cabello de ángel. ¡Qué bien le sienta al queso contrastarlo con lo dulce. También pudimos probar una espectacular steak tartar, si bien le sobraban las patatas y las zanahorias que remataban el plato. Pudimos comer también boquerones y una carrillada con patatas, que estaban francamente buenos. Toda esa comida, nos permitió probar varios vinos. El primero de ellos fue el cava brut nature ‘Palacios de Doñana’. Un buen cava nacido de tierras onubenses. También descubrimos Érase una vez un blanco semidulce. Un vino semidulce con una etiqueta divertida, ideal para aquellos que comienzan a iniciarse con el vino. En el Rincón de Murillo también pudimos disfrutar de Mioro Gran Selección. Y es que, es un vino perfecto para cualquier ocasión, que sorprende y combina prácticamente con cualquier plato. Un vino fantástico para disfrutar toda la esencia del terruño de Huelva.

Finalmente, saboreamos en el mismo enclave, dos tartas: una de chocolate y otra de almendras y bizcocho con dos de los grandes vinos dulces de la bodega Privilegio del Condado. En primer lugar pudimos maridar los postres con Misterio Orange. Un vino naranja, cuya principal característica es la de tener una base de vino moscatel, en lugar de pedro ximénez. Después se macera con las cáscaras de naranja y el resultado es un vino suave, aterciopelado, goloso pero que no empalaga. Ideal para la propuesta que nos hicieron en el Rincón de Murillo, postres. Aunque también me encantaría probar el vino propiamente como aperitivo, con quesos, con salazones o con hielo y una rodaja de naranja en la sobremesa. Apúntense el nombre. Misterio Orange. Muy bueno.

Terminamos el maridaje con una de las grandes joyas enológicas del Condado de Huelva, de Vinícola del Condado y por ende de su bodega. Carámbano, el vino de hielo de Privilegio del Condado. Ya su nombre nos está indicando ese origen del vino. Carámbano nace de una vendimia calurosa en pleno mes de agosto, pero esas uvas maduras de zalema y moscatel de Alejandría se congelan a 16 y 18 grados bajo cero en cámaras frigoríficas. Tras permanecer una semana de esta manera, inician la descongelación y se sigue un proceso normal de elaboración del vino. Cogen el extracto donde se concentra toda la esencia de la uva, en torno a un 20%, en la que la graduación es de 11 grados y en la fermentación permanece bastante azúcar residual. El resultado es un vino con tonalidad dorada, con un aroma frutal y un sabor dulce pero muy especial ya que está rico y no se hace nada empalagoso. Una de las grandes sorpresas de la noche, ya que es un vino diferente a todos los demás. Sin lugar a dudas, una experiencia muy enriquecedora donde conocimos grandes platos con mejores vinos y en el que los maridajes hicieron que nos diéramos cuenta del privilegio de vinos que existen en el Condado de Huelva.

La versatilidad del vino de Jerez es una de sus máximos exponentes. No solo por los múltiples tipos de vino que nacen de su uva predominante, la Palomino Fino, sino por el abanico de maridajes que ofrece en la comida. Con un Sherry se puede comenzar, por ejemplo un almuerzo, y terminarlo incluyendo al postre. Incluso puede continuarse sin salir del Marco con una buena copa de Brandy de Jerez. He aquí por tanto un recorrido por los Sherrymaridajes, los que también pueden extenderse a otros generosos de otras D.O. andaluzas tales como Condado de Huelva o Montilla Moriles.

La Manzanilla y el Fino con la ensaladilla son un genial Sherrymaridaje

Comenzaremos el itinerario con los vinos puramente de crianza biológica, el Fino y la Manzanilla. Son vinos verticales, con una acidez muy marcada y de un rápido paso por boca. En ambos, aunque más pronunciado en la Manzanilla destacan su salinidad. Con la diferencia bajo mi punto de vista, que el Fino tiene aromas que recuerdan a masa de pan, y a almendras; y la Manzanilla tiene aromas más florales. Igualmente el Fino en boca es ligeramente más seco con un retrogusto amargo y la Manzanilla es más suave con una salinidad, tal y como señalé anteriormente más marcada. Ambos, son vinos habitualmente ligados al aperitivo y a la Feria (este último gran error) pero son dos grandes Sherry que pueden disfrutarse con todo tipo de platos, incluso para disfrutarlos de vino de mesa en cualquier comida o cena. También, una copa de Fino o Manzanilla puede disfrutarse con un postre, como una tarta o un bizcocho de almendras. Aunque recomiendo sobre todo saborear la Manzanilla con unas tortillas de camarones o un langostino de Sanlúcar. Así como, saber beber el Fino con un buen jamón ibérico, con cualquier embutido o con un plato de pasta. Ambos son perfectos con pescaíto frito, tan propio de las costas andaluzas y para tapas habituales como ensaladilla, papas bravas o papas alioli. El Fino y la Manzanilla potenciarán su Sherrymaridaje cuando estos se disfruten en rama, lo cual recomiendo si tienen la ocasión.

El Amontillado, como bien saben, es un vino que aúna la crianza biológica y la oxidativa. Y por tanto, hay una gran lista de Amontillado según los años y el tipo de crianza. Encontramos Amontillados Finos, con mayor número de años bajo velo de flor, y Amontillados más gordos y oxidados con menos años bajo el velo de flor. El Amontillado es un vino que en nariz tiene grandes recuerdos a la crianza biológica, nariz por tanto potente y que, siendo más redondo que el Fino, es ligeramente más ligero que el Oloroso. Sus aromas transmiten frutos secos tostados y en boca es aterciopelado, seco y sabroso, con toques a madera. En ocasiones, podemos tener la sensación de dulzor en los Amontillados, aunque es fruto de la concentración debido a su crianza oxidativa. Su Sherrymaridaje puede disfrutarse con múltiples platos. El Amontillado, solo, puede ser la primera copa del día. Para abrir el apetito o simplemente para saborear un sherry en torno a las 13:00 horas o a las 20:00 horas, como vino propiamente de aperitivo, también depende de los horarios en los que almuerce o cene cada uno. Ya en la comida, el Amontillado marida con los platos más difíciles de maridar. Es ideal para un guiso de alcachofas, para disfrutar unos espárragos ya sean blancos, trigueros o en revueltos. Muy bueno para cualquier plato con verduras. Es un vino fantástico para los arroces e incluso para pescados a la plancha. Con queso viejo, con guisos. Todo un universo de sabores y matices cuando se disfruta el Amontillado.

El Oloroso, vino de crianza oxidativa intercambia su potencia organoléptica, de alguna manera, con el Amontillado. El Oloroso es menos potente en nariz, donde destacan los tonos tostados y es muchísimo más redondo en boca, con una redondez que inunda todo el paladar de sequedad, suavidad,  y potencia. Es un vino muy elegante. Los Olorosos en concreto, potencian todo tipo de carnes, especialmente las de caza y las carnes ibéricas. Los guisos con Oloroso también le aportan un carácter especial. Incluso hay algunos comensales que añaden algunas gotas de oloroso en el puchero para potenciar su sabor.

El Palo Cortado es un vino, al igual que el Amontillado, que aúna la crianza biológica y la oxidativa aunque tiene un corto recorrido bajo velo de flor ya que (teóricamente por su propia naturaleza) comienza a oxidarse bajo el velo de flor para continuar perdiendo el mismo y desarrollar durante toda su vida una crianza oxidativa. El Palo Cortado, combina las dos propiedades destacadas de los Amontillados y los Olorosos. Son vinos con una nariz estupenda, con claros recuerdos a esas levaduras pero con tonos tostados y ligeramente abocados. Y en boca tiene una redondez exquisita, con la elegancia de un buen Oloroso. El Palo Cortado podemos disfrutarlo prácticamente con todo tipo de platos. Al igual que el Oloroso, su máximo exponente es la potencia que aporta a los platos con los que se marida. El Palo Cortado puede – y debe – disfrutarse, como con los Amontillados con platos como espárragos, espinacas, revueltos, pescados, arroces o carnes de todo tipo. Especialmente el cordero, aunque esto es una percepción personal. Puede ser a su vez un vino de mesa, ya que cualquier plato maridado con Palo Cortado ve repercutido su sabor en boca. Aunque, con dos copas en mesa puede ser suficiente. Hay que saber beber vinos generosos y en concreto vino de Jerez. Disfrutarlo. Apreciarlos. Saborearlos. Un sorbo de Palo Cortado inunda la boca por varios minutos. Varios bocados. Esto es un concepto aplicable a todos vinos de Jerez. Convirtamos nuestras comidas en experiencias culinarias. Respetando los vinos de Jerez, sabiéndolos beber.

Los vinos dulces, tales como el generoso de licor,  Cream,  o los dulces naturales Pedro Ximénez o el Moscatel han sido históricamente ligados a los postres. Aunque no les falte razón y el maridaje con una tarta, fruta, flan o natillas sea ideal disfrutar estos vinos, es interesante salirse de los previamente establecidos para buscar los contrastes y las potencias que aportan estos sherry a otro tipo de platos. Por ejemplo, pueden y – deberían – probar el Pedro Ximénez con cualquier queso viejo o queso cabrales. Su pastosidad y potencia con aromas de regaliz y café y tonos en boca azucarados y de uvas pasas disfrutadas con quesos viejos o potentes como el azul o cabrales lo hace un maridaje perfecto. Este plato concretamente, pueden disfrutarlo tanto para aperitivo como para postre. No defraudarán. Al igual, pueden probar cualquier salazón como la mojama con cualquier Cream. Los Cream son un coupage de normalmente un oloroso y un poco de Pedro Ximénez. Con tonos en boca que recuerdan a ambos, aunque destaca sobre todo el dulzor que le aporta el Pedro Ximénez. Pruébenlo. Les sorprenderá. Finalmente les recomiendo que disfruten cualquier Moscatel, los hay muy buenos en Chipiona o en Chiclana, con cualquier helado. Es ligeramente más fino que el Pedro Ximénez, menos empalagoso y con aromas florales tales como jazmín, azahar y algunas cítricas como el limón. En boca destaca su dulzor fresco. Pueden atreverse también a probar cualquier Moscatel con quesos viejos, o salazones.

Siempre pueden finalizar su #Sherrymaridaje, con un poco de chocolate con sal acompañado de un buena copa de Brandy de Jerez. No salen del Marco, y es la guinda del pastel del universo Sherry.

Es indudable reconocer la calidad de los jereces, no solo por su tierra y por su uva predominante, la permeable Palomino Fino, o las aceptadas en el marco PX y Moscatel, sino por la vejez que atesoran gran parte de las soleras que bañan de botas las bodegas de la Denominación de Origen Jerez y la D.O. Manzanilla de Sanlúcar. Una crianza, en más ocasiones de las que nos gustaría, desprestigiada por su relación vejez/precio.

Comenzaré recordando que los vinos de Jerez, según su Pliego de Condiciones, pueden ser comercializados como tal en cuestión de edad, si alcanzan al menos un par de años de crianza ya sea en Solera y Criaderas (biológica u oxidativa) o bien en el poco utilizado en Jerez, sistema estático de Añadas. A partir de aquí y hasta principio del s. XXI, los vinos de Jerez han sido etiquetados según su edad aproximada, etiquetándose los vinos de un gran número de años de crianza con las etiquetas de: muy viejo, very old sherry, Viejísimo, etc.

A partir de los 80 del pasado siglo XX, el mercado empieza a interesarse y darle importancia a los vinos antiguos del Marco de Jerez y demás zonas vitivinícolas andaluzas. Este progreso del interés por los vinos viejos, alertó al Consejo Regulador de la DOP Jerez que se vio en la necesidad de crear controles a las edades de sus vinos. Esto repercutirá finalmente en el consumidor, ya que supone una garantía a la hora de consumir vinos de edades acreditadas y a su vez mantendría el prestigio de los mismos y sus bodegas.

De esta manera, en el año 2000 se pusieron en marcha las normas de los vinos viejos VOS y VORS y apenas tres años más tarde, fue incluida la certificación de los Vinos con Indicación de Edad de 12 y 15 años. Así, la vejez y el prestigio del Sherry estaba garantizado.

Los Vinos con Indicación de Edad de 12 años son sherry de muy alta calidad y una vejez promedio de 12 años. Estos vinos son calificados por un Comité de Cata que está compuesto por expertos independientes que analizan el vino para corroborar su vejez. De la misma forma ocurre con los Vinos con Indicación de Edad 15 años, cuya vejez media alcanza los quince años y son sherry certificados por Consejo Regulador como de muy alta calidad.

Algunos vinos destacados de este tipo son: Amontillado Del Príncipe de Real Tesoro, Palo Cortado Leonor de González Byass, o el Amontillado Bertola de Díez Mérito.

Para los vinos con vejez superior a los 20 y 30 años, existe una precinta especial, más concreta y con mayor número de pasos para certificar la edad de los mismos. Son los conocidos VOS y VORS. Esta nomenclaturas tan solo se utilizan para los vinos de Jerez.

Los Vinum Optimum Signatum en latín (tal y como viene contemplado en el Pliego de Condiciones de la DOP Jerez)  o Very Old Sherry en inglés (VOS) son vinos de gran calidad y con una vejez mínima de 20 años.

Los Vinum Optimum Rare Signatum en latín (del Pliego de Condiciones de la DOP Jerez) o Very Old Rare Sherry en inglés (VORS) son vinos de excepcional calidad y con una vejez mínima de 30 años.

La certificación de edad de estos vinos debe tener tres pasos esenciales para lograr fundamentar su vejez:

  • En primer lugar se analizan las muestras aportadas por la Bodega en un laboratorio, donde se realiza la prueba del Carbono 14. (El CRDO de Jerez es el único que la Junta de Andalucía avala para la realización de esta prueba como método para verificar la vejez de estos grandes vinos).
  • En segundo lugar, las sacas de los vinos VOS y VORS han de ser mucho más alargadas en el tiempo, con respecto al resto de los vinos comerciales. Esto quiere decir que los rocíos y sacas deben ser mucho menores, por lo que la inmovilización del vino será mayor al del resto de vinos.
  • Y tercero y no menos importante, tendrá lugar un análisis organoléptico, es decir, una cata por un comité de seis expertos independientes que confirmarán o no, las pruebas realizadas anteriormente. Estas catas se realizan en alrededor de cuatro sesiones anuales, a ciegas, con dos muestras de cada vino.

Estos pasos esenciales para la certificación de los vinos VOS y VORS no son sencillos, de hecho, uno de cada cinco vinos es desestimado para obtener la precinta. En este caso, también existe un Comité de Apelación aunque rara vez contradice lo ya decidido por el Comité de Cata.

Debido a su vejez, estos sherry tendrá una concentración elevada que repercutirá en una gran sequedad y estructura en boca que prolongue su aroma y sabor con tan solo un sorbo. Son vinos complejos, de lágrima amplia y muy horizontales que inundan la boca y potencian cualquier tipo de plato, principalmente los de carne o pescado. En algunas ocasiones, la concentración de estos vinos llega hasta el punto de aportarles un toque abocado, muy agradable a la hora de consumirlo.

De entre todos los fantásticos vinos VOS y VORS que podemos encontrar en el mercado, mi selección sería la siguiente: Amontillado Fino Imperial VORS de Díez Mérito, Palo Cortado VORS de Bodegas Tradición, Oloroso Don Gonzalo VOS de Valdespino, Moscatel Toneles VORS de Valdespino, Amontillado Jalifa VORS de William Humbert o el Amontillado Quo Vadis? VORS de Delgado Zuleta.

Indudablemente, aunque la certificación de la edad, sobre todo en vinos con alargada vejez, aporta la seguridad de consumir excelentes vinos, hay muchos no certificados de gran calidad. Entre ellos podemos encontrar: Oloroso Solera BC200 de Osborne, Palo Cortado Viejo CP de Valdespino, Amontillado 1730 de Álvaro Domecq, Oloroso Singular, o toda la gama Antique de Rey Fernando de Castilla, la gama Old Plus de Sánchez Romate, Palo Cortado URIUM o el Amontillado Cuatro Palmas de González Byass.

Aunque también hay vinos generosos andaluces, de otras Denominaciones de Origen, que por su calidad y vejez merece la pena hacer mención, como la siguiente selección de la DO Montilla Moriles: el Amontillado Abuelo de Bodegas Luque, Pedro Ximénez Convento Selección de Toro Albalá, el PX Solera 1905 de Pérez Barquero o el Amontillado Solera Fundación de Alvear.

Lógicamente, la mayoría de estos vinos serán criados aunando la crianza biológica y oxidativa como Palo Cortado y Amontillado o bien en una larga crianza oxidativa, debido al número de años de las indicaciones de edad, así como de los VOS y VORS. Aun así, me gustaría hacer una excepción en este caso para destacar dos Finos que destacan entre otras características por su vejez y gran calidad. Por un lado el Fino Inocente de Valdespino, con diez años de crianza, apurando el velo de flor en la DO Jerez y por otro lado, el Fino Cebolla de Bodegas El Monte, de la DO Montilla Moriles con 15 años de crianza.