Andalucía es una Comunidad conocida por su agricultura.

Un rasgo característico de Andalucía es la buena gastronomía que podemos disfrutar en sus bares y restaurantes. La región más grande de España donde viven más de ocho millones de personas es admirada por sus campos de olivo, su trigo, sus naranjos y entre otras actividades agrícolas por su viñedo. Unas vides que abarcan el norte y sur, este y oeste de toda la Comunidad andaluza. Viñas que peinan todo su territorio y donde crece uva amparada por 8 Denominaciones de Origen Protegida y por 16 Indicaciones Geográficas Protegidas.

Andalucía es tierra de vinos. Principalmente nacidos de uva blanca ya que aunque también posea grandísimos vinos elaborados con uva tinta, su reflejo en la enogastronomía es una tierra de vinos blancos. Si tenemos en cuenta que Denominaciones de Origen como Jerez, Manzanilla de Sanlúcar, Montilla Moriles y Condado de Huelva suponen más del 90% del vino que se produce en Andalucía podemos confirmar sin ninguna duda que Andalucía es tierra de vinos de uva blanca. Tomando dichas Denominaciones de Origen como ejemplo: la uva predominante de Jerez y de Manzanilla de Sanlúcar es la Palomino Fino (blanca). La de Montilla Moriles la Pedro Ximénez (blanca) y la del Condado de Huelva la Zalema (blanca).

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La pasión en el periodismo enogastronómico marca el punto de partida para transmitir con ilusión el mundo de los vinos entre los consumidores.

La semana pasada a través del directo que nos ofrece la red social Instagram (@davidpuertoperiodista) pude entrevistar a Antonio Flores (Hacedordevinos) enólogo de la emblemática bodega jerezana González Byass. Un encuentro virtual de poco menos de una hora de duración en el que conocimos un poco más a uno de los mejores enólogos del mundo y a uno de los mayores embajadores de González Byass y de los jereces en general. Y es que la nota diferencial de todo los que nos movemos en torno a las bodegas, los vinos y la gastronomía es la pasión que le ponemos a nuestro trabajo. Transmitir amor y pasión es clave para llegar al público final y la llave para contagiar – a quien te lee, escucha o ve – de aquello de lo que te apasiona. En este caso el mundo del vino, y más concretamente de los vinos de Jerez. Y un buen ejemplo de todo esto es Antonio Flores, que tiene esa chispa necesaria y dicho sea de paso, unas buenas nociones comunicativas.

En redes sociales asegura que es un perfecto “autodidacta. Me tuve que caer del caballo como San Pablo para creer en este mundo digital, que es muy útil”. Y supo darle la importancia que tienen las mismas cuando se utilizan con una estrategia comunicativa bien marcada. Enaltecer el trabajo de su bodega – en este caso González Byass – dando a conocer todas las bondades del vino de Jerez. Pero con naturalidad, cercanía, frescura y pasión. Y esa es la clave de su éxito. Porque la naturalidad a la hora de transmitir no se aprende, también nace de ese entusiasmo por lo que uno vive cada día. Lógicamente, como muchos en el Marco de Jerez, Antonio Flores es un grandísimo profesional que se ha labrado su posición gracias a su esfuerzo y dedicación durante estos casi 40 años en la bodega – que cumplirá en septiembre y que en la entrevista nos adelantó la primicia de que habrá un vino para tal efeméride.

La charla, que fue entretenida y didáctica – soy de los que piensa que nunca se deja de aprender – navegó entre su propia vida dentro de la bodega, opiniones sobre los vinos y sobre la misma actualidad. Entre otros temas hablamos de los amontillados. El Hacedor de Vinos se refirió a que “no existe un amontillado puro” ya que el amontillado aúna la crianza biológica y la oxidativa y sería muy difícil encontrar alguno que tenga la crianza exacta de una y otra. Al igual que, con esa pasión a la que me refiero, desgranó las diferencias entre un fino amontillado o un amontillado fino, entre otros muchos temas. Antonio Flores tan solo es uno de los muchos ejemplos de los apasionados que viven y conviven diariamente con el vino de Jerez.

En definitiva, la transmisión de la pasión por las bodegas, el viñedo, los vinos y en general el mundo vitivinícola es clave para llegar al consumidor final. Y en mi caso, como periodista enogastronómico, creo completamente que los profesionales de la comunicación enogastronómica somos los verdaderos abanderados de todo esto y debemos poseer ese entusiasmo por transmitir estos conocimientos. Porque los periodistas del vino tenemos que liderar esta divulgación del sector, desgranando las noticias y las novedades del vino, y yendo a buscar la información. En primer lugar, para que el consumidor se interese y finalmente para que aprenda disfrutando de lo que consume. Y esto es muy importante, porque uno de los problemas del vino de Jerez es la falta de formación e información entre el consumidor. Algo que – también hay que decirlo – está intentando cambiar. Aunque es un proceso lento. Por eso, todos los que nos dedicamos a este universo del periodismo del vino debemos tener esa pasión, ese amor por lo que hacemos. Por las viñas que nos rodean. Por el aroma que olemos. Por los matices que degustamos. Y vivir nuestra realidad y esa búsqueda de información entre los viñedos. Con los bodegueros. Entre la gente que consume los vinos. Y ese camino también ha de estar llena de pasión. Que al fin y al cabo es lo que nos hace sentirnos bien cuando desempeñamos nuestra profesión. Porque con ese ingrediente, como le pasa a Antonio Flores – que pudo haber sido periodista antes que enólogo -, estaremos siendo embajadores del vino con nuestro propio trabajo.

Esta semana y en gran parte de España con la entrada en la fase 3 de desescalada hemos conocido la apertura del enoturismo de muchas bodegas. Una forma de conocer y descubrir nuevos parajes de la vitivinicultura nacional, desde las viñas hasta las bodegas y posterior cata de los vinos que se elaboren en las diferentes compañías. Y pronto serán muchos los sanitarios que disfruten de una iniciativa gratificante promovida por un grupo de profesionales del sector vitivinícola y comandada por el bueno de Carlos Águila (The Guardian Wine): Enoturismo para sanitarios. Una idea surgida en medio de un confinamiento marcado por los aplausos a las miles de personas que se han dejado la piel en los diferentes hospitales, centros de salud y residencias de nuestro país para salvar el mayor número de vidas.  Para seguir leyendo, clic en el siguiente enlace http://elcorreodelvino.com/enoturismo-para-sanitarios/

Jumilla es una de las Denominaciones de Origen más conocidas en España. De hecho su historia vitivinícola tiene más de 5000 años de antigüedad gracias a los hallazgos encontrados  en restos arqueológicos de la comarca. Aunque se constituye como D.O.P. Jumilla en el año 1966 – tiene más de 50 años de historia – su primer reglamento data del año 1975.

Pero situémonos. La D.O.P. Jumilla se ubica en el Altiplano levantino, al sudeste de la Península Ibérica, entre Castilla La Mancha y Murcia. De hecho, el 60% de su zona de producción pertenece a la provincia de Albacete (Montealegre del Castillo, Fuenteálamo, Ontur, Hellín, Albatana y Tobarra), siendo el 40% restante murciano a la zona de Jumilla. Por tanto, Jumilla es una Denominación de Origen supra – autonómica (como Cava y Rioja) ya que abarca municipios de dos Comunidades Autónomas. En total 19.000 hectáreas trabajadas por unos 1.950 viticultores. Sus viñedos nacen en terrenos de una pronunciada altitud que oscila entre los 320 de los valles a los 900 metros en las zonas más altas. Sus suelos son de naturaleza caliza, pardos o pardo rojizos, con textura franca y franco arenosa, sueltos y pedregosos, pobres en materia orgánica y en nutrientes. Visto así parece casi imposible plantar en este terruño y más sabiendo que el clima de esta DOP es seco continental, árido, pese a su influencia con el Mediterráneo. Con más de 3.000 horas de sol al año, apenas goza de 300 litros de lluvia por metro cuadrado al año que cae irregularmente repartida – en ocasiones en forma de aguacero. Asimismo, sus temperaturas llegan a los 40 grados en verano y a los -10 grados en invierno – en las heladas que suele haber entre los meses de noviembre y marzo. Su temperatura media es de 16 grados. Su clima también tiene fuertes rocíos y su humedad relativa es de más del 60%. Pero pese a estas condiciones climáticas, Jumilla tiene un buen terruño apto para el cultivo de la vid ya que su suelo es profundo, con buena aireación y con una gran capacidad de retención de agua, muy favorable para el cultivo de sus viñas.

Las variedades de uva blanca admitidas por la D.O. Jumilla son: Airén, Macabeo, Pedro Ximénez, Malvasía, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Moscatel de Grado menudo y Verdejo. Y las variedades tintas admitidas por el Consejo Regulador de la D.O. Jumilla son la Petit Verdot, Syrah, Merlot, Cabernet Sauvignon, Garnacha, Garnacha Tintorera, Tempranillo y Monastrell. Precisamente, esta última es la que abarca más de 70% del viñedo de Jumilla, siendo además una variedad autóctona y que se encaja a la perfección con el terruño de la Denominación de Origen. La Monastrell es una uva tinta con una coloración azul-negro, de piel gruesa con bastante pruina. Es una variedad muy rústica que resiste muy bien a la sequía y que se siente necesitada a muchas horas de sol.

En Jumilla se elaboran cinco clases de vinos: blancos, rosados (obtenidos principalmente de la uva Monastrell por estrujado de esta uva y cortas maceraciones de pulpa y hollejo), tintos (que pueden ser jóvenes o crianza y abundan los de la variedad autóctona Monastrell), dulces (naturales y tradicionales que pueden ser blancos y tintos) y vinos de licor.

La Denominación de Origen Jumilla elabora mayoritariamente vinos tintos que de los 79 millones de kilos de uva que se vendimiaron el pasado 2019, tan solo poco más de 2 millones fueron de uva blanca. En total hay 45 bodegas inscritas en la Denominación de Origen de las cuales 31 pertenecen a la comarca de Jumilla y 14 son de Albacete. Hay que destacar también de la D.O. Jumilla que una gran parte de sus vinos son ecológicos ya que las condiciones climáticas de la zona de producción, sumado a la resistencia de su uva autóctona Monastrell, hacen muy difícil que aparezcan enfermedades en la vid como la filoxera, por lo que permite gran cantidad de vinos ecológicos.

Selección de vinos de la DOP Jumilla

Como decía al principio del artículo, la D.O. Jumilla es una de las más conocidas de España y es que puede presumir de ser una de las regiones que destaca por la calidad de sus vinos embotellados. Prueba de ello, es el Certamen de Calidad de los Vinos de Jumilla que se celebra cada año y que en el pasado 2019 alcanzó su XXV edición. El Certamen de este año 2020, debido a la crisis sanitaria que estamos atravesando está aún pendiente de fecha para su celebración. Entre los vinos triunfadores de 2019 he realizado la selección para degustar y comprobar las características organolépticas de la Denominación de Origen Jumilla.

El blanco es Ontalba Sauvignon Blanc Ecológico, de Bodegas Ontalba. Está situada en Hellín (Albacete) y tiene una producción media de unos 15 millones de kilos, con producciones bajas y una calidad excelente. El vino Ontalba me parece un vino brillante, muy pálido. En nariz muy frutal con recuerdos a frutas de hueso. En boca es goloso, fresco y mineral. Con un gran retrogusto. Un vino fantástico para maridarlo con un buen tapeo. O como vino de mesa con cualquier plato.

El rosado que he podido degustar ha sido Señorío de Fuente-Álamo de las Bodegas San Dionisio, ubicadas en Fuente – Álamo, en Albacete. Es la bodega de la cooperativa San Dionisio, fundada en 1957 por un grupo de agricultores. Todos sus vinos son 100% naturales, ecológicos y de calidad. Y sin lugar a dudas este vino lo demuestra. Señorío de Fuente-Álamo es un rosado ecológico 100% de Monastrell. Tiene una tonalidad rosa muy atractiva y brillante. Tiene una nariz floral muy alegre, recuerdo de aromas a rosas. En boca es fresco y goloso, muy frutal y glicérico. Ideal para maridarlo con verduras, quesos, arroces o pasta. Muy bueno, una gratísima sorpresa.

Luzón Colección Monastrell 2019 ha sido el tinto joven. Está elaborado por Bodegas Luzón situada en Jumilla y fundada allá por el año 1841. Es una de las bodegas históricas de la D.O. Posee unas 1200 hectáreas de viñedo. Su vino, el tinto joven Luzón  Colección Monastrell 2019 tiene un color púrpura brillante con reflejos violetas. Tiene una nariz potente con aromas a frutos rojos donde destacan las fresas. También se aprecia un final de especias, propias del campo donde nace su uva. En boca es suave, frutal y fresco, donde su mineralidad y su persistencia destacan haciéndole envolvente. Sorprendente vino joven. Recomendable.

Uno de los vinos de crianza ha sido el Monastrell 100% Alceño 12, de Bodegas Alceño. Una bodega de tradición familiar fundada en 1870 y que está situada en el centro de Jumilla. Su Alceño 12 procede de los viñedos más antiguos de la bodega donde nace la autóctona Monastrell y ha sido envejecido durante 12 meses en barricas de roble francés y americano, donde realiza su fermentación maloláctica. Su tonalidad es roja oscura sangre de toro. Su nariz tiene un amplio aroma a frutos rojos maduros y especias. En la boca es redondo, potente, envolvente y sabroso. Un gran vino para maridar con una buena carne. Lo maridé con un costillar a la barbacoa y su maridaje era sencillamente espectacular. Un gran vino.

Otro de los vinos crianza fue Áltico Syrah 2015, elaborado por Bodegas Carchelo situada en Jumilla a los pies de la Sierra del Carche. Fundada en 1990, es una bodega con gran tradición vitivinícola donde destaca su ética profesional, respeto a las personas y a su entorno. Su vino Áltico Syrah 2015 tiene un color rojo picota muy vivo. En nariz se aprecian aromas florales como las violetas y ligeramente dulzonas. En boca es aterciopelado mineral, envolvente y persistente con un retrogusto amargo muy rico. Un vino muy interesante.

Finalmente, probé el Dulce de Silvano García, de Bodegas Silvano García, situada en Jumilla. Su fundación se remonta a 1925 y es una bodega familiar cuya tercera generación regenta la misma actualmente. Se caracterizan por hacer un exhaustivo control desde la viña hasta el embotellado, elaborando vinos únicos convirtiéndolos en experiencias únicas para los sentidos. Y es lo que se aprecia en este Dulce de Silvano García. Es un dulce natural elaborado al 100% con Monastrell, por lo que es un tinto dulce muy particular. Su tonalidad es rojo granate y tiene aromas frutales, con recuerdos dulces que me evocan a chucherías. En boca es goloso sin empalagar, fresco y agradable. Su dulzura es delicada y suave pero con una gran complejidad. Una gran sorpresa. Gran vino de Monastrell.

En definitiva, la D.O. Jumilla es capaz de convertir su suelo caliza en grandes vinos reconocidos internacionalmente. La calidad de los mismos es indiscutible y su autóctona Monastrell un gran reflejo del éxito de esta Denominación de Origen.

Al noroeste de Castilla y León, concretamente en la provincia de León y lindando con las gallegas Ourense y Lugo, y con el Principado de Asturias se encuentra la comarca del Bierzo, un territorio que ocupa poco menos de tres mil kilómetros. En ella se encuentra la D.O. Bierzo, un verdadero oasis vitivinícola característico por un microclima muy especial.

Viñedos D.O. Bierzo. Foto: Les Commeliers.

Sus temperaturas oscilan entre los 24 grados en verano a los 3 ó 4 en invierno. Asimismo tiene una gran influencia del Oceáno Atlántico con brisas muy óptimas para el cultivo de la vid. Además disfruta al año en torno a las dos mil horas de sol. Sus viñedos están divididos en pequeñas parcelas con pendiente, que van desde los 450 a los 800 metros de altitud, aunque está situado en un valle. Digamos que su microclima es suave y templado con algo de humedad. Aúna las condiciones climáticas de Galicia (húmedo) y Castilla (seco). Además su baja altitud, normalmente impide las heladas tardías lo que resulta bastante bueno para la vendimia que se adelanta, normalmente un mes sobre las del resto de Castilla. Y su paisaje natural es realmente espectacular, está enclavada en el Camino de Santiago, con campos donde el verde en sus diferentes tonalidades se hace protagonista.

En este contexto, nacen unos vinos extraordinarios bajo el amparo de la Denominación de Origen Bierzo. Una zona vitivinícola reconocida como D.O. desde hace apenas 31 años, el 11 de noviembre de 1989, pero con una larga tradición de vinos. De hecho, su legado se remonta dos mil años ya que se tiene constancia que ya por entonces se cultivaba la vid en el Bierzo.

Actualmente la D.O. Bierzo posee más de 2.000 viticultores y 79 bodegas inscritas, que trabajan una superficie de viñedo de casi 3.000 hectáreas. El terruño del Bierzo tiene una textura franco-limosa y son moderadamente ácidos. Los suelos de ladera (en pendiente) son muy minerales, siendo constituidos por una mezcla de elementos gruesos, cuarcitas y pizarras. Esta mineralidad se aprecia cuando pruebas sus vinos, especialmente en los jóvenes.

El Consejo Regulador de la D.O. Bierzo admite cuatro variedades de uva. Cuatro blancas: Godello, Malvasía, Doña Blanca y Palomino y dos tintas: Garnacha Tintorera y Mencía. Aunque es esta última la que reina en esta zona de noroeste de León. La variedad de uva Mencía representa el 75% del viñedo del Bierzo. Es una uva con mucha personalidad que aporta a los vinos una identidad propia. Aunque entre las variedades de uva blanca, la que más representación tiene es la Palomino fino con un 17%, los vinos blancos que mejor representan la D.O. Bierzo son los Godello. Que además se han puesto de moda, lo que no me extraña debido a su frutalidad y a su frescura.

Los vinos de la D.O. Bierzo pueden ser blancos, rosados o tintos. Los blancos se elaboran principalmente con las variedades Godello o Doña Blanca y se complementan con Palomino y Malvasía en distintos porcentajes, según la marca y la bodega.

Los rosados han de estar elaborados con al menos un 50% de Mencía y una mezcla de uvas tintas y/o blancas.

Los tintos de la D.O. Bierzo tienen cuatro categorías. Joven, Crianza, Reserva y Gran Reserva, según su vejez y/o crianza en barrica. Todos ellos son elaborados con al menos un 70% de la variedad Mencía.

Los jóvenes son los vinos de primer o segundo año. El vino tinto Crianza del Bierzo debe tener una vejez mínima de dos años de los cuales, seis meses debe estar en barrica. El tinto Reserva tiene una vejez mínima de tres años de los cuales deberá permanecer un mínimo de doce meses en barrica. Finalmente, los tintos Gran Reserva deberán tener una vejez mínima de cinco años de los cuales dieciocho meses ha de estar el vino en barrica. El resto, lógicamente en botella.

Para apreciar mejor los vinos de la D.O. Bierzo he adquirido cuatro vinos al azar, ya que debido a la riqueza y calidad de los vinos del Bierzo, me ha sido bastante difícil realizar una selección. Finalmente me decidí por probar un blanco y tres tintos, uno joven y dos de diferentes crianzas.

El blanco es Brezo de Gregory Pérez, una bodega situada en la localidad de Espanillo, en la comarca del Bierzo, cuyos viñedos están situados en una ladera a 600 metros de altitud y un suelo mineral. Brezo es un vino 100% Godello, muy agradable y fresco. Lo recomiendo para aquellos que quieran disfrutar de un buen Godello a un precio asequible. En nariz es frutal con una acidez muy equilibrada. Sus aromas me recuerdan sobre todo a la manzana. También en boca, donde es ligero y tiene un delicado retrogusto seco y mineral, que me recuerda al suelo del que proviene. Es un vino perfectamente de mesa, aunque recomiendo maridarlo con un buen tapeo. Yo lo maridé con queso en aceite, chorizo, jamón y entrantes por el estilo.

El tinto joven tiene el nombre de El Valao Pago de Valdoneje 2017, de  Vinos Valtuille. Es una pequeña bodega familiar fundada en 1999 por Dimas García en una de las lomas de Valtuille de Abajo, aunque actualmente la regenta su hijo Marcos que se ocupa de la elaboración y su hija Elena que se encarga de la administración. Tienen 14 hectáreas de viñedo propio donde predomina la variedad Mencía. La edad media del viñedo es de 90 años y su producción es del 60% del mismo, con un máximo cuidado y mimo a la tierra. El Valao 2017 es un vino excepcional. Su cosecha es manual en jaulas de 15 kg, pasando por una mesa de selección. Tras su fermentación maloláctica el vino se deposita en barricas de roble francés entre 6 y 8 meses. Es de color oscuro con ribetes violetas. Huele acentuadamente a frutos rojos. En boca es muy equilibrado y muy fresco, con un final afrutado y persistente. Puedes maridarlo con un buen arroz, carne o pescado. Yo opté por un arroz con costillas. El maridaje le viene fenomenal. Te animo a que lo pruebes, te sorprenderá. Un fantástico vino, puntuado con 92+ Parker en 2019 y con 93 por Suckling. Su precio es muy bueno para el vinazo que es. Muy recomendable.

El primero de los tintos con crianza es El Pájaro Rojo 2018, de la bodega Losada Vinos de Finca. Esta bodega fue fundada en 2005, y se ubica en el alto de Pieros, en plena ruta del Camino de Santiago entre las localidades de Cacabelos y Villafranca. Losada cuenta con 12 hectáreas propias divididas en numerosas pequeñas parcelas, que se han ido recuperando. La bodega está dirigida desde sus inicios por Amancio Fernández. El Pájaro Rojo 2018 es un 100% Mencía cuyos viñedos se ubican en Valtuille de Abajo, Pieros y Corullón. Los viñedos tienen entre 30 y 40 años y una altitud de entre 480 y 600 metros. La Mencía es seleccionada de las zonas más frescas para lograr un vino juvenil y afrutado. Tras la fermentación maloláctica está 4 meses en barrica de roble francés. Es un vino con una potente nariz, destacando los frutos rojos. El color es rojo oscuro con reflejos violetas. Es sabroso en boca, fresco y persistente. Un buen vino para maridar con unas tapas, pizza, barbacoa, o para copear con los amigos. Yo lo disfruté con una barbacoa y verdaderamente encaja a la perfección.

Finalmente, el segundo vino con crianza es Godelia Mencía 2015, de Bodegas Godelia. Esta bodega familiar nació en el 2009 y sus propietarios, la familia García Rodríguez, son de origen gallego. Está situada en el Camino de Santiago y están centrados en la elaboración de vinos de sus variedades autóctonas. Mencía para los tintos y Godello para los blancos. Godelia Mencía 2015 es un 100% Mencía de un viñedo que oscila entre los 40 y los 80 años de edad, y que se sitúa en una loma de 500 a 700 metros de altura sobre el nivel del mar, con un terruño muy mineral. Tras su crianza maloláctica en barrica, está 12 meses en roble francés. Es vino rojo intenso. Tiene una nariz muy frutal con predominio de los frutos rojos. Es equilibrado y refrescante en boca, carnoso y fresco. Se aprecian delicados toques dulces a fruta. Un gran vino, ideal para maridarlo con quesos o con carnes.

Todos los vinos de la D.O. Bierzo también son recomendable degustarlos y maridarlos con productos de la zona como sus castañas, sus pimientos asados o su tradicional botillo, una longaniza autóctona digna de denominarse manjar. La gastronomía del Bierzo da lugar a futuros artículos.

En definitiva, la D.O. Bierzo es una Denominación de Origen única donde la Mencía triunfa en su máximo esplendor. Una territorio vitivinícola rico, donde los vinos se hacen los verdaderos protagonistas de una comarca con un entorno privilegiado y una historia enogastronómica que mantiene más viva que nunca en nuestros días.