El virus COVID-19 (coronavirus) nos tiene confinados en nuestras casas, para evitar el contagio y su propagación. Esta situación nos va a generar muchas horas libres. Una forma efectiva y placentera de pasar ese tiempo es disfrutando de un libro y un buen vino. En concreto, es un buen momento para redescubrir el mundo de los vinos andaluces, generosos y dulces, tanto en la lectura como en verlo, olerlo saborearlo. Y todo ello, gracias a la tecnología de la que podemos servirnos en la diferentes plataformas digitales y tiendas online de vinotecas y bodegas.

Pero primero deberíamos plantearnos, qué vino encaja mejor para disfrutar de la lectura. Aunque cualquier vino es óptimo para acompañar a un buen libro, en este caso yo recomendaría hacerlo con uno con una clara crianza oxidativa, ya sea un buen amontillado o un oloroso si lo prefieres seco, o un potente pedro ximénez en el caso de que lo prefieras dulce. En el caso de los secos, son vinos con un importante cariz aromático, aunque lo que más destaca en esencia es la profundidad y la redondez de matices y sabores que permanecen en boca en cada sorbo. Son vinos con los que detenerse a disfrutarlos, manteniendo su sabor durante varios minutos en la boca. Destacan los sabores de frutos secos, toques abocados y la madera. Con un retrogusto ciertamente amargo y delicado. Así, se hace un complemento perfecto para leer ya que, tras injerirlos, permanecen durante bastante tiempo en boca. También son vinos fantásticos para descubrir la multitud de matices que puedes reconocer mientras continúas la lectura. En el caso de los dulces, un buen pedro ximénez, es un poco más largo en nariz reconociéndose aromas a pasas y regaliz y llevando esos matices a la boca, a los que se suman los toques a café, chocolate negro o tabaco. Los pedro ximénez son vinos densos que permanecen en boca a su vez, también durante varios minutos. Y para el amante de los dulces, puede ser un fantástico aliado de la lectura.

Los vinos oxidativos tienen una gran profundidad aromática.

En tiendas como Bodeboca o vinoselección pueden encontrar grandes vinos muy buenos en su relación calidad/precio. Y además, hay varias bodegas que debido a este confinamiento en casa ha eliminado de sus pedidos los gastos de envío, como Barbadillo (a partir de 30 euros) o Delgado Zuleta, esta última ofrece además un 10% de descuento en todos sus productos introduciendo el código QUEDATEENCASA. En la multitud de vinos de estas tipologías oxidativas existentes yo recomendaría los siguientes, secos: Palo Cortado Leonor, Amontillado Del Príncipe, Palo Cortado Monteagudo, Amontillado Príncipe, Misterio Condado Viejo, Oloroso Asunción, Amontillado Doblas o Amontillado Bigotillo;  y dulces: PX Gran Barquero, Alvear PX 1927, Don PX 2018, PX El Candado o PX Nectar. Aunque hay muchísimos, todos los que os selecciono están por debajo de los 20 € la botella.

Los libros pueden encontrarlos en muchas librerías con tienda online, aunque la plataforma que más recomiendo es Amazon. Entre los libros destacados sobre estos vinos andaluces se encuentra: Manzanilla, Jerez y Montilla, vinos tradicionales de Andalucía de Jesús Barquín y Peter Lim. Este libro ha sido la revelación en el último año y se le considera el decálogo de los generosos andaluces. Otro buen libro que pueden encontrar es El Vino de Jerez y Sanlúcar de Enrique Becerra; El jerez y sus misterios de Beltrán Domecq o El viñedo en Jerez durante el siglo XV, de Emilio Martínez y Enrique José Ruíz. De temática general de vino está entretenido El vino no tiene misterio de Ophélie Neiman y Jordi Terré Alonso o ¿Te cuento un vino? de Enrique López, o descubrir otras Denominaciones de Origen con el libro Rioja vinos silenciosos, de Antonio Remesal.

Vinos andaluces, generosos y dulces, y libros sobre vinos para sobrellevar de mejor manera nuestras horas en casa en el confinamiento por el coronavirus.

La Navidad tiene varios días en los que nos reunimos en familia, con amigos o conocidos, a comer. Días como hoy, Nochebuena, mañana Navidad, el próximo fin de año, el día 1 de enero, o incluso el cinco y el seis de enero, para los Reyes Magos son días de grandes comidas en torno a nuestros seres queridos. Y qué mejor manera de disfrutar esos almuerzos o cenas, que se prolongan más de lo habitual, que con vinos. Es una buena oportunidad para vivir experiencias, mientras estamos disfrutando de la presencia de nuestra gente. Intentemos dejar a un lado los refrescos y las cervezas y sumerjámonos en la versatilidad que aportan cada uno de los vinos andaluces que hoy os propongo para celebrar la Navidad.

Fino Cebolla de Bodegas El Monte.

Vinos que nos cambiarán la concepción tradicional de nuestras comidas navideñas. Encuentros en definitiva, que normalmente comienzan con una bebida de bienvenida. Para este caso hay muchos gustos, pero os aconsejo comenzar con un amontillado, para abrir boca. Será la ocasión perfecta para abrir boca con el mejor sabor de un buen vino, fresco, punzante pero a la vez que deja un gran retrogusto. Os recomiendo Viña AB de González Byass, Amontillado de Cayetano del Pino o Amontillado de Doblas. Si eres de los que prefieres dulces, cualquier cream es una buena elección, aunque Royal Cream de Real Tesoro es una buena opción.

Una vez sentados en la mesa, suelen ser fechas donde abundan los aperitivos de queso, jamón ibérico, marisco, canapés, ensaladilla, aliños, croquetas y demás. Para todo esto, pueden disfrutar de cualquier fino o manzanilla, según el gusto que tengan, o bien de un vino blanco. Mi propuesta es la de fino El Marqués de Bodegas Halcón, o el fino Cebolla de Bodegas El Monte, la manzanilla Barbiana de Delgado Zuleta o Sacristía AB, o el blanco Mioro Gran Selección de Privilegio del Condado.  Es mi sugerencia, aunque de cualquiera de las tipologías hay muchísimos y muy buenos. Disfruten el que más les guste.

Mioro Gran Selección de Bodegas Privilegio del Condado.

En algunas casas se sirve un plato principal, en otros dos, e incluso tres. En este caso, os hago mi recomendación de vinos andaluces para cada uno de ellos, según la comida que sea. Si son de los que disfrutan de ensaladas, pueden continuar con el blanco, fino o manzanilla, o incluso disfrutarla algún blanco semidulce, como Tierra Blanca de Paéz Morilla. Para sopas, pueden volver al amontillado. Si lo prueban, comprobarán que realza su experiencia gastronómica. Igual para el pavo trufado con huevo hilado (que curiosamente solo se suele comer en estas fechas). Para guisos más consistentes, como la berza, el menudo o los callos, también el amontillado acompaña muy bien. Aunque os propongo tres opciones de palo cortado. Leonor de González Byass, Palo Cortado de URIUM, y Palo Cortado de Cayetano del Pino. Los palo cortado también encajan a la perfección con cualquier carne, especialmente con el cordero, o el cochinillo. Pero para ello, mi consejo es maridarlo con un oloroso. Los hay verdaderamente buenos. Como Asunción de Alvear, Oloroso de Santa Petronila, Oloroso de Toro Albalá u Oloroso de Bodegas Góngora. Si son de los que prefieren tinto, mi propuesta es Samaruco o Garum de Bodegas Luis Pérez, Forlong Ecológico de Bodegas Forlong o Cortijo de Jara Roble, de Bodegas Cortijo de Jara.

Samaruco de Bodegas Luis Pérez.

En los postres navideños suelen primar los turrones, las trufas, los bombones y en su fecha, el roscón de Reyes. Para este caso, pueden disfrutar de vinos andaluces, dulces muy buenos, como el pedro ximénez Gran Barquero de Pérez Barquero, el moscatel Promesa de Valdespino, Tres Leones de Bodegas Málaga Virgen o un vino naranja del Condado de Huelva, como Misterio Orange de Privilegio del Condado.

En la sobremesa, pueden continuar con vinos andaluces más añejos, V.O.S. y V.O.R.S. de más de 20 y 30 años respectivamente. Los que se denominan popularmente vinos de pañuelo y con los que disfrutar de un buen final de comida navideña. Entre mis sugerencias, Cuatro Palmas de González Byass, Don Gonzalo de Valdespino, Quo Vadis? de Delgado Zuleta, la Bota de Palo Cortado de Equipo Navazos o Jalifa de William Humbert, entre otros muchos. En este periodo, también pueden saborear un buen brandy, que contenga toda la esencia del vino de la tierra del que nace. Hay varias grandes proposiciones. Como Cardenal Mendoza de Sánchez Romate, Fundador Exclusivo de Bodegas Fundador o el brandy de la gama Rare Spirits de Valdespino. La recomendación de maridaje para saborear aún mejor si caben los brandy, es con chocolate con sal.

Y para finalizar, brinde con cualquier espumoso, ya sea brut nature o semiseco. Como lo prefiera. Mi recomendación es la siguiente. Umbretum de Bodegas Salado, el cava Palacios de Doñana de Privilegio del Condado o el Beta Sur de Bodegas Barbadillo.

En definitiva, la vitivinicultura andaluza puede convertir nuestras comidas navideñas en verdaderas experiencias gastronómicas donde disfrutar comiendo y bebiendo, gracias a la versatilidad de los vinos y sus maridajes.

Subiendo la popular calle sevillana Argote de Molina, más conocida como ‘la cuesta del bacalao’ y al final de una pequeña callejuela a su izquierda, en el número 26 se ubica el emblemático Mesón Don Raimundo, fundado a mediados de los años 60 por Raimundo Fernández Rodríguez. Medio siglo después me recibe en su casa, que se mantiene al igual que cuando la reformó aquellos años. Un restaurante acogedor, lleno de obras pictóricas y esculturales que Raimundo ha coleccionando a lo largo de los años. Pese a su principio de parkinson, su aspecto es estupendo y su memoria fantástica reflejada en la entrevista que concede a un servidor.

Raimundo Fernández en la fachada del Mesón Don Raimundo

Raimundo Fernández es sanluqueño, afincado en Sevilla tras casarse con una sevillana, “Yo siempre digo  que yo me casé con una sevillana porque me enamoré de la Giralda”. Pero antes de llegar a la capital andaluza, tuvo un largo recogido en la hostelería que comenzó con su tío Flichi en Sanlúcar. “Mi tío un bar de tapas, muy famoso. Y todos los fines de semana tiraba de mí, para partir aceitunas o cualquier cosa en la cocina. Y ya en el año 1952, él compró el restaurante El Colmao en Chipiona, contando conmigo. Desde entonces, empecé a dedicarme a la hostelería. Estuve en Madrid, más tarde en Italia, ya que estuve de servicio en la Marina con el Juan Sebastián Elcano, y cuando regresé comencé a trabajar en Canarias en el restaurante de un hotel. Un poco después, marché al sur de Inglaterra a trabajar en un resort turístico. Y volví a España, me casé en 1965, y me fui otra vez a Canarias. Allí estuve en Hotel Britania, como director del restaurante. Más tarde, estuve de nuevo en Inglaterra unos años más, donde tuve a mi primera hija, en Oxford. Y de allí en el año 1967 me vine a Sevilla y abrí un restaurante en la calle Miguel de Mañara, al que llamé Los Alcázares y lo convertí en un sitio de comida andaluza».

Raimundo confiesa que “cuando llegué a Sevilla me quedé sorprendido porque la cocina sevillana estaba olvidada de la mano de Dios. En los restaurantes se comía, más bien cocina francesa, cocina andaluza y española”. Es por ello, que instauró un restaurante basado en la cocina de Cádiz, Sevilla y Huelva y recuperando la cocina mozárabe de esta zona de Andalucía occidental. Comenzó cocinando en la terraza, delante de los clientes porque “en ese momento era casi imposible venderle a cualquier turista nada que estuviera guisado con aceite, ni que tuviese ajo. Y yo quería que vieran lo que hacía”. A los tres años le concedieron la medalla de bronce al mérito turístico. Y al tiempo, descubrió su actual ubicación, aquella que lo llevaría a la fama. “Encontré este lugar que estaba casi en ruinas, que fue en su día el obrador confitería La Gloria. Yo lo restauré y lo adapté a mi medida”. Este edificio del siglo XIV, año en el que se restaura por primera vez. También fue la primera casa postal que hubo en Sevilla, después fue un colegio mayor de San Antonio de Padua, más tarde el obrador y actualmente Mesón Don Raimundo.

«Yo recuperé la cocina mozárabe ” .

Raimundo Fernández

Considera que la clave de su éxito es “la cocina y la constancia. Me he dedicado a dar muchas conferencias gastronómicas por todo el mundo y tengo la medalla de oro al mejor cocinero de Europa y la medalla a los 100 mejores cocineros del mundo entre otros reconocimientos”. Es un restaurante basado en la cocina de Andalucía occidental y mozárabe, tal y como lo concibió cuando comenzó su andadura en Sevilla. Muestra con alegría sus especialidades mozárabes, “tengo un pimiento relleno a lo mozárabe, porque como sabes el pimiento viene de América. Antes se ponía unas hojas de col, liada con el relleno de carne de ave picada. Tenemos la perdiz mozárabe, el pollo al andalusí, el faisán, el pato…”. Se siente orgulloso de haber elaborado platos como “el choco con uvas, el ajo arropado (que es el principio del gazpacho) o las aves. En nuestro restaurante, todas las aves se maceran en vino durante un mes y hierbas aromáticas como se hacía antiguamente”. El arroz del Mesón Don Raimundo también es conocido por su melosidad y su sabor. “Los arroces, yo lo hago de toda la vida. De celebraciones con una tía mía y hacía un arroz caldoso, que se come mucho en Sanlúcar de Barrameda con langostinos y demás. Nuestro arroz es un homenaje a mi tierra de Sanlúcar de Barrameda”.

Raimundo Fernández, en uno de los salones de su restaurante.

«En Mesón Don Raimundo, todas las aves se maceran en vino y hierbas aromáticas, durante un mes, como se hacía antiguamente ” .

Raimundo Fernández

Además de la cocina, el Mesón Don Raimundo tiene una admirable colección artística y una gran pinacoteca. En este sentido, su fundador también se siente artista porque “me gusta mucho la pintura, yo pinto también, y escribo poema y tengo editado dos libros de poema” “Uno se llama ‘Yo pecador’ y el otro ‘Mi cocina andaluza’” asegura. “Lo primero que entró aquí fue un aparador que tengo ahí de madera de roble, después fui comprando poco a poco. Aquí todo este sector había un anticuario y había mucha gente que le vendían a él y como a mí también me gustaba, pues venían a venderme a mí” comenta satisfecho ojeando su alrededor.

Más allá del propio Mesón, el grupo Don Raimundo, posee el bar Cuesta del bacalao, apartamentos turísticos en la calle Adriano, la confitería Los Ángeles y el Hotel Convento La Gloria, este último junto al Mesón. El Hotel y el Mesón actualmente es regentado por su hija Inmaculada Fernández, “quien es una persona muy competente. Estudió Turismo y lleva esto perfectamente y conoce la cocina bastante bien, y además mi otra hija también trabaja en el grupo, en oficina”. El hotel es muy vistoso visualmente, ya que tiene una decoración y colección de azulejos, techo y obras pictóricas espectacular. Raimundo manifiesta que “todos estos azulejos los he puesto yo, personalmente, los cogía de derribos y tal y los aprovechaba para ir decorando el hotel. Incluso los techos los hice yo y algún cuadro de los que hay colgados también es mio”.

Pese a ser sanluqueño, Raimundo se siente sevillano ya que “es la ciudad que me acogió. Siento mucha satisfacción y alegría de estar aquí”. Recientemente estrenará la terraza de la azotea con unas vistas privilegiadas a Sevilla y su Catedral, “espero que tenga éxito porque tiene una vista de Sevilla única. No creo que haya una ciudad en España ni en el mundo que sea tan bonita como Sevilla”.

Durante la visita tuve la oportunidad de probar algunos platos del menú del Mesón Don Raimundo. En primer lugar degusté unas berenjenas fritas con miel de caña y mermelada casera de naranjas de Sevilla. Muy buena opción. La masa tiene un cierto parecido a la de los buñuelos y su contraste de sabor con la berenjena, la mermelada de naranja, y algunas pasas que lo hacen un plato para no perdérselo. No me extraña que sea una de sus platos del año. Probé también las tortillitas de camarones. Muy bien despachadas y crujientes. Asimismo, tuve la suerte de probar el pimiento a lo mozárabe. Un pimiento relleno de carne de ave picada, frito y con su salsa característica, donde vuelve a aparecer ese contraste de sabores. Un plato muy bueno. Finalmente, terminé los salados con el bombón de solomillo relleno a la jabuleña. Un buen solomillo relleno de queso y pimiento con una salsa dulzona con pasas y piñones, de nuevo con recuerdos a la cocina mozárabe. También muy bueno. Todo maridado con un oloroso de la bodega de Montilla Moriles, Alvear, llamado Asunción. Un generoso potente y largo en boca de más de 20 años de crianza. Una explosión de potencia y sabor con los platos maridados. Todo un acierto, recomendación del brand ambassador del restaurante, Carlos M. Montero.

Pude probar dos postres. Un buen tocino de cielo (siendo de Jerez he probado bastantes) que estaba muy rico y no se hacía empalagoso. Finalicé la comida con una tarta de queso que estaba realmente buena. Especialmente la cobertura de fresas naturales. Todo maridado con un delicioso vino de naranja, elaboración propia de la casa.

Es indudable reconocer la excelente calidad de los vinos generosos. Aunque conozco en mayor medida a los sherry, la categoría del resto de generosos andaluces no se queda atrás, encontrando vinos maravillosos también en Montilla-Moriles, Condado de Huelva, Málaga, Sevilla y demás zonas de producción del sur de España. Una calidad, única, gracias a la versatilidad de las varietales con las que se elaboran estos vinos así como el clima y la tierra donde crece su uva y las condiciones de las botas y bodegas en las que se crían. Todo un conjunto de valores, para lograr unos vinos únicos en el mundo, perfectos para maridar cualquier tipo de platos.

Pero existe una cuestión, no menos importante, que afecta directamente a estos vinos. Y es su precio. Son vinos completamente infravalorados por el público en general, y curiosamente, por el autóctono en particular. Vinos que – si los comparáramos con otras Denominaciones de Origen – en su mayoría son Soleras Gran Reserva. Porque, la mayor parte de estas joyas enológicas superan con creces los tres años de crianza, que en otras Denominaciones de Origen lo catalogarían como un gran vino, con una larga crianza. Entonces, ¿por qué los vinos generosos son tan baratos?. Desgraciadamente, porque las bodegas han de adaptarse a una comercialización de los mismos según las demandas que existan en el mercado.

Fotografía: Diario de Jerez.

Quizás habría que plantearse que no se ha llevado, en el caso del jerez entre otros, por ejemplo, por el mejor camino. En gran parte de España se piensa que los jereces y las manzanillas, son vinos de Feria, que se toman en catavino bajo, nunca en copa alta, y que son, en cualquier caso un complemento perfecto para el aperitivo pero nada más. No se les valora y ni siquiera se les contempla como vino de mesa. Es cierto que en las ferias la mayoría beben vinos generosos, pero ¿es realmente positivo para el sector que se baje tanto el precio del vino como se hace en la mayoría de ferias?. Así, cuando la copa de vino en la feria no supera en muchas ocasiones el 1,50 € y es un vino donde la gente no saborea, solo consume y se emborracha (aunque hay de todo), es muy difícil apreciar sus bondades. Cuando el consumidor descubre los generosos y comprueban su versatilidad en el maridaje, se llevan una gran sorpresa y en su mayoría reconocen que nunca habrían valorado estos vinos como para consumirlos habitualmente.

Hay vinos generosos que con quince años de crianza, no superan los 20 euros. Es increíble, pero es así. Y tenemos multitud de casos en el mercado. O algunos con más de 10 años de crianza que no superan los 10 euros. Ni a euro por año, de mimado cuidado para la producción de estos vinos.

Igual de importante, es el apoyo de la hostelería por los vinos de la tierra. Nunca han de faltar vinos de la tierra, blancos, tintos y generosos en los bares y restaurantes de una zona, más si cabe cuando se tratan de zonas vitivinícolas tan importantes como tenemos en la región: Jerez, Huelva, Montilla-Moriles, Málaga, Almería o Sevilla.  Y es que, con los grandes vinos que tenemos en Andalucía, duele saber que Rioja es el vino que más se consume en la comunidad. Y que gran parte de la hostelería andaluza tengan en sus cartas de vinos sobre todo Rioja o Rueda. Apostar por los vinos generosos en la hostelería también es una forma de entrar a conocer estos vinos, y por ende valorarlos.

Otro de los motivos puede estar en la desinformación que se tiene de los vinos generosos andaluces, donde la mayoría no salen del fino, la manzanilla o el cream y el pedro ximénez básico. Vinazos como el amontillado o el oloroso son desconocidos para el público general y sobre todo, para sus paladares. La versatilidad que ofrecen estos vinos para convertir las comidas en auténticas experiencias gastronómicas sobresale por encima de cualquier otra zona de producción. Pero no los conocemos. No sabemos apreciar su sequedad, su expresividad, su acidez. Además, en una sociedad que ha nacido con bebidas dulces: colacao, coca cola o fanta, le es más difícil incorporarse al mundo de los generosos, y es por ello que muchos se queden en el cream o el pedro ximénez.

Es verdad, que desde los Consejos Reguladores de los generosos andaluces y desde las propias bodegas se está intentando desestacionalizar el vino de la feria, para consumirlo durante todo el año, enseñando sus distintos maridajes, e incluso cambiando su consumo mediante un catavino de tallo alto y más ancho, donde apreciar con la nariz y el gusto todos los matices organolépticos que nos aportan. También gracias, entre otros, al movimiento #sherrylovers a través de redes sociales, los jóvenes están llegando con mayor facilidad a los vinos generosos, sobre todo a los jereces, y cada vez es más común comprobar cómo en Jerez se copea en sus bares con sus vinos.
Otro punto positivo es que se están empezando a apreciar los vinos en rama, algo que hace bien poco no atraía absolutamente a nada. Es más, los vinos cada vez tenían menos color, menos olor y por supuesto menos sabor, adaptándose a esas ‘dichosas’ manías del mercado que quiere consumir vinos de jerez, sin que lo parezcan. Claro está, en esas particularidades también entraba el precio. Por lo que es bastante fácil encontrar generosos secos como manzanillas, finos, amontillados, olorosos, y algún que otro palo cortado por menos de diez euros. Aunque también sus matices organolépticos, en ocasiones, se quedan muy muy cortos. Por lo que, los vinos en rama, nos vuelven a introducir en la esencia de esos vinos con todos sus matices, que nos aportan todas las propiedades desde las botas a la botella.

Y otra cuestión nos atañe a todos. A todos los que amamos este mundo de los vinos generosos andaluces. Tenemos que ser, cada uno de nosotros, abanderados del vino de nuestra tierra. Los de Jerez de nuestros finos, olorosos, palo cortados y amontillados y darlos a conocer. De la misma forma Huelva con sus vinos generosos elaborados con zalema o palomino, como los de Sevilla con su garrido fino o los de Montilla Moriles con su pedro ximénez. Darle valor, ser los primeros que pedimos en un bar, en un restaurante, con la familia y con amigos un vino de nuestra tierra. Que pongamos en su sitio a ese vino y apreciemos que lo que estamos consumiendo en ese momento es una verdadera joya, fruto del trabajo de muchísimos años. Y aceptando lo que cuesta.

Profesionales del sector apuestan por esta puesta en valor de los generosos andaluces. El enocomunicador Fran León asegura que “son muy baratos y valoramos el precio de lo que tenemos”. David Manso, que los precios de los vinos del sur “son en ocasiones más bajos de lo que debería teniendo en cuenta la complejidad en su elaboración y su resultado final. También no todo el mundo valora por igual los generosos, ya que de Despeñaperros para arriba les cuesta introducirse en los generosos”.

El pasado miércoles pude asistir en Sevilla a la cata organizada por el Grupo Don Raimundo denominada ‘Jerez a la sombra de Giralda’, en la que la bodega lebrijana Halcón presentó tres de sus vinos generosos. En el marco de la Sherry Week, bodegas Halcón anunció que en breve sus vinos generosos formarán parte de la D.O. Jerez, siendo la primera bodega sevillana en convertirse en zona de producción sherry.

Vistas desde la azotea de Don Raimundo.

El marco que ofreció el Grupo Don Raimundo fue incomparable. Y es que por si fuera poco estar en pleno corazón de Sevilla, en la misma cuesta del bacalao (Argote de Molina, 26) y tener tres locales con muchísima solera en esta ubicación (Bar Cuesta del Bacalao, Hotel Convento La Gloria y Mesón Don Raimundo) en las próximas semanas dará apertura a un restaurante en la azotea del citado hotel, con unas vistas envidiables y con un marco con vistas a la Catedral, Giralda y a todo el centro de Sevilla incomparable. En dicho espacio único y con unas vistas sencillamente espectaculares pudimos disfrutar de la cata.

Antes, para llegar a la zona más alta del edificio, pudimos conocer los entresijos del edificio, que albergan los tres negocios previamente citados. El Bar Cuesta del Bacalao tiene una carta tradicional de tapas – aunque no tiene ensaladilla – y lo mejor es que tiene una extensa carta de vinos tranquilos dándole gran importancia a los vinos andaluces. Asimismo, posee el Mesón Don Raimundo, pensado para sevillanos (el que se crea que es para guiris no sabe lo que se pierde) donde tienen que probar el pimiento relleno a lo mozárabe o la torta de berenjena rebozadas fritas con mermelada natural de naranja sevillana. Su carta, para comer de tapas o mesa y mantel, es una auténtica exquisitez, a un precio muy razonable. Repito, nada de precio guiri. Finalmente, y por el que se accede a la zona superior, nos encontramos Hotel Convento La Gloria. Un ‘museo’ con muchísima solera por su exquisita pinacoteca, y su gusto decorativo tanto en paredes y en techo, que conserva la más pura esencia de los siglos que nos precedieron. Sin lugar a dudas, una muy buena carta de presentación para un hotel con una ubicación tan céntrica.


El evento, a la que asistimos unas 20 personas, comenzó con la bienvenida de Carlos. M. Montero, brand ambassador de Grupo Don Raimundo y con Ágata Díez, representante de la bodega quién aportó algunos datos de interés. Tales como que la bodega comienza en el año 1711 bajo el nombre Bodegas del Marqués de San Gil y que tiene su sede en una Casa Palacio en Lebrija con 5000 metros cuadrados.  La cata estuvo dirigida por el formador homologado José Manuel Massé, de Delicious Gourmet y colaborador a su vez de la bodega lebrijana. Catamos tres generosos de Lebrija. Fino, amontillado y oloroso. Comenzamos por la crianza biológica. El fino tiene como nombre, El Marqués. Apúntense el nombre de este vino. Un fino, que según Massé tiene 5 años, aunque me atrevería a decir que parece que tiene alguno más. Elaborado con palomino fino, es un fino dorado, potente en nariz donde destacan los aromas a levaduras y a masa de pan. En boca hay claros recuerdos a almendra y frutos secos verdes. Tiene una pronunciada acidez y salinidad, y es ciertamente amplio para ser un fino. Tiene un retrogusto amargo muy sabroso. Cabe destacar la amplia lágrima que tiene, para ser un vino de crianza biológica. Un muy buen fino a tener en cuenta. Fue una sorpresa realmente agradable. Ideal para cualquier tipo de plato. Incluso me atrevería a disfrutarlo con algún postre de almendra, como el turrón que probaremos en próximas fechas.

La cata prosiguió con el amontillado ‘Bigotillo’. Un fantástico amontillado de unos 15 años de crianza, donde aúna prácticamente el mismo tiempo en biológica como en oxidativa. Tiene una tonalidad ámbar y una lágrima marcada, fruto de su vejez. En nariz hay claros recuerdos a la crianza biológica pero sus aromas ya son de frutos secos tostados, e incluso algún ligero olor a caramelo. Comienza su paso por boca con un toque de acidez pero a medida que va recorriendo el paladar se va a haciendo amplio y persistente. Un gran vino, otra alegre sorpresa de esta bodega lebrijana. Habrá que tener siempre presente una copa de Bigotillo. Para disfrutar de unos espárragos en este tiempo, o de algunas verduras o pescados tiene que estar francamente bien.

Finalmente, finalizamos con el oloroso Zamarrita. Un generoso de Lebrija de unos 8 años según Massé. En nariz lo primero que percibí fue aromas a pegamentos, barnices y laca, aunque es más bien corto en nariz. En boca es largo, aunque no mucho más que el amontillado Bigotillo. Sí es verdad que tiene un paso por boca aterciopelado, con toques tostados, lo que lo hace un vino redondo. Es ciertamente seco.

En definitiva, una buena cata en el marco de la Sherry Week, para descubrir vinos sorprendentes como fino El Marqués o amontillado Bigotillo. Asimismo, disfrutando de un marco inmejorable gracias al Grupo Don Raimundo, al que le auguro grandes éxitos cuando abran el restaurante con vistas a la Giralda. Seguro que será todo un éxito.